Introducción: el Tigre nunca ha ganado en Argentina por Copa Libertadores. Boca nunca ha perdido con equipos bolivianos en la Bombonera. The Strongest sale de blanco impoluto y así Mateos recuerda su etapa merengue. Florentín coloca de nuevo línea de tres centrales, dos carrileros, tres al medio y la dupla Reinoso-Blackburn arriba. Richet Gómez es la contención, Ramiro Vaca y Barbosa son los encargados de crear juego. Castro está en la banca. Boca necesita ganar y despejar dudas sobre su fútbol. The Strongest necesita puntuar para aspirar a la Copa Sudamericana tras dos victorias en casa balsámicas. Dice el entrenador paraguayo que el parate -por el desastre dirigencial- ha venido bien al gualdinegro. ¿No necesitamos más partidos y no menos?
Nudo: la idea de apretar arriba se cae rápido con un gol tempranero merced a una mala salida de Valverde y un error grosero de Sagredo. La transmisión de la tele dice que el papá de Richet, argentino, es hincha de Boca. El Tigre no marca bien, da licencias, no tiene la pelota y la regala. El xeneize manda a parar hasta el final de la primera parte, hasta que Fabra gana la espalda, una vez más, de Sagredo. El Tigre, otra vez, no compite lejos de La Paz. En el bajo desempeño individual y colectivo, Mateos manda un mensaje, Ramiro se luce con pases interiores y Barbosa sigue diciendo que por sus pies pasa el eximio fútbol gualdinegro. Un gol de Willie en off side se convierte en un espejismo cruel. De Richet y la contención, no hay noticias mientras Wayar mira desde la banca.
Desenlace: el Tigre sale decidido a hacer una presión alta sin convicción, dejando espacios por todo lado. En el torneo local, este “pressing” apenas se practica. Cuando lo quieres hacer afuera, no funciona porque no se trabaja (igual que la línea de tres centrales). Con un ritmo tedioso, da tiempo para pensar que la no-clasificación a la Sudamericana se perdió en La Paz con Boca y aquel inexplicable partido sin garra en el último partido de la era Illanes. Florentín, por lo menos, arenga desde la banca sin parar. El 3-0 que pone el final antes de tiempo es una metáfora de nuestras falencias: Villa se va por velocidad (jugamos a otro ritmo) y expone la lentitud de Mateos y la falta de cobertura de Marteli. Entonces, en los largos minutos de la basura, entran Arrascaita , el otro Sagredo, Castro, Cardozo y Wayar . No pasa nada, ni un disparo contra el arco de Andrada. Es un Tigre sin alma, sin rebeldía (nulo arriba, errático atrás, partido siempre); es consecuencia también de un club en transición, sin brújula, a la deriva hasta las elecciones de noviembre.
Post-scriptum: hace años los equipos bolivianos en La Paz lograban fácilmente los nueve puntos de local. Hace años, la selección ahogaba en el Siles. La crisis sin fin de nuestro fútbol por una clase dirigencial peleada hasta el absurdo ha logrado lo imposible: hundir más en el fango de la mediocridad al fútbol boliviano. Lo más triste es que podemos seguir cayendo en el vacío.






