Introducción: Farías mete cuatro cambios en relación a la victoria esperanzadora ante Venezuela. Jusino entra para hacer dupla con Haquín; Sagredo ocupa el lateral zurdo (por Flores); el sancionado Saavedra es sustituido por Dany Bejarano; y Arce deja su lugar a Boris Céspedes. El dibujo también cambia: pasamos de un 4-3-3 a un 4-5-1 con Ramallo y Henry Vaca, intentando tapar las bandas. Martins es nuestro llanero solitario. Chile se planta con dos carrilleros para atacar por los costados y romper el cerrojo verde. La “roja” no gana por eliminatorias a Bolivia desde 2013. En la retina todos tenemos el gol de Saucedo y su reivindicación marítima.
Nudo: la primera parte es un monólogo chileno. En los primeros siete minutos, la pelota se estrella dos veces en el arco de Lampe. Bolivia -metida muy atrás- es un frontón. El “team” de Farías es incapaz de sostener la tenencia; la pelota quema, quema, quema. Los chilenos están poco finos, nublados. El equipo del uruguayo Lasarte juega sin nueve y extraña a Vidal que con Covid ve el partido desde la grada. La “roja” fabrica innumerables chances pero no tiene gol; falla, falla, falla.
Desenlace: Farías mete tres cambios con la idea de contragolpear; Arce por un desaparecido Céspedes; Gilbert por un sacrificado/luchador Ramallo -que jugó casi de carrilero para defender-; y Flores por Vaca. El dibujo pasa a ser un 5-3-2 con la intención de tapar las bandas rivales donde Mena e Islas hacen daño. Lo que no cambia son las mil maneras bolivianas de defenderse a toda costa. El tiempo está a favor de los pequeños y Chile no encuentra ya ni espacios, ni profundidad. El primer defensor se llama Marcelo, que aguanta, sostiene, juega de espaldas, protege a los suyos y a todo un país. La ilusión se ahoga en el 69. Diez minutos después y a falta de diez, llega el penal del milagro. Con “paradinha” y sangre fría de “serial killer”, Martins la clava en la escuadra para recuperar un punto de oro que es mucho más que un punto.
Post-scriptum: la oda es un poema que canta un coro griego. Ni Messi, ni Neymar, ni Suárez, el goleador de las eliminatorias -con seis tantos- es boliviano, tiene casi 34 años y se apellida Martins Moreno. Marcelo es el hombre que quiere llevarnos otra vez a un Mundial. Llámalo loco, llámalo irracional pero él se basta ayudado con un coro de jugadores/cuerpo técnico que ha vuelto a creer, como todo un pueblo. Que se rinda su abuela.






