Introducción: la verde de Farías necesita jugar partidos amistosos y afianzar su estado de ánimo feliz, como una lombriz. Por eso, juega antes de la fecha doble por eliminatorias. La cabeza está puesta en Lima (jueves once). Será una final. Hoy, el rival de turno es El Salvador, penúltima clasificada en la Concacaf. La selección salvadoreña es apodada la “selecta”. En el Audi Field de Washington se ven muchas banderas tricolores aunque la mayoría son hinchas centroamericanos. El presidente de Bolívar, Marcelo Claure, se hace presente y se toma una fotografía junto a Farías y diez jugadores de la selección. El capitán Arce no sale en la foto. El técnico venezolano insiste con línea de tres zagueros centrales, un sistema que se atraganta en el fútbol boliviano. El “eleven” nacional forma así: Cordano; Bejarano-Quinteros-Sagredo; Saavedra-Ramallo (como carrileros); Moisés Villarroel-Franz Gonzales en el doble cinco; Arce de enganche y la pareja de ataque: Abrego y Algarañaz.
Nudo: los primeros quince minutos de los bolivianos son de lo mejorcito de la era Farías. Es una selección intensa, dinámica, rápida, vertical, al primer toque. Solo falta el gol, solo falta Marcelo Moreno Martins. Cuando los salvadoreños recuperan la posesión, el partido se equilibra. Cuando la verde hace “pressing” alto, el equipo queda muy partido, muy largo, muy expuesto. La espalda de los carrileros comienza a ser explotada por El Salvador. Saavedra se muestra incómodo en el costado derecho y apenas trepa su banda. No es su lugar. González y Villarroel se entienden y el ex Tigre se desempeña a la perfección como cinco mixto, soltándose, abarcando mucho cancha, sintiéndose tan a gustito.
Desenlace: en el descanso, se rinde un merecido y justo homenaje a tres leyendas del D.C. United. La hinchada boliviana aplauda al “Diablo” Etcheverry y a Jaime Moreno. La segunda parte clava la primera: extrañamente intensa para un amistoso. En una pelota parada, “made in Always Ready”, Ramallo peina un centro del “Conejo” y pone un 0-1 que va a ser definitivo. Farías mete cambios y desmonta la línea de tres para resguardarse con cuatro al fondo.
Post-scriptum: el ensayo para jugar en Lima de manera atrevida ha logrado su objetivo: se puede jugar de visitante sin meterse atrás, se puede salir fuera de la patria sin complejos, se puede hacer un fútbol atrevido, sin miedo. El rival, inferior, es lo de menos. La ilusión está intacta. Esta es otra verde, verde esperanza. ¿Servirá la nueva cara para ganar en Perú y rematar en casa contra Uruguay?






