Introducción: el “Siles” presenta un lleno absoluto en la curva sur, la recta y la preferencia. Solo la norte aparece medio poblada. Las dos hinchadas se mezclan en casi toda la cancha y mandan un mensaje de confraternidad a los dirigentes que prefieren “calentar” de mala manera con insultos el clásico más grande del país. El técnico del Tigre sorprende y envía al césped al equipo titular; solo faltan Viscarra, Wayar y Amaral. La única sorpresa es la posición de Henry Vaca, como enganche con Esparza y Chura en los costados para conectarse con Prost. El técnico de la “Academia” no mueve nada tampoco. La novedad es el juvenil Rocha, como carrilero por derecha.
Nudo: la primera parte es un vendaval celeste. Por la banda izquierda se juntan Roberto Carlos Fernández, de gran partido, Bruno Sávio y el hombre desequilibrante de la noche, “Patito” Rodríguez. Entre los tres vuelven loco a un desasistido Saúl Torres. La mitad de la cancha de The Strongest no hace pie; el doble cinco (Saucedo y Ursino) es constantemente sobrepasado. El Tigre -impreciso- no tiene la pelota y no puede eludir la presión en bloque alto de la “Academia”. Un palo de Da Costa, el primero que se va a estrellar en el arco de un buen Johan Gutiérrez, grafica el dominio “académico”. Una jugada ensayada -la primera de muchas- de los hombres de Zago pone un justo (y corto) uno a cero en el “score” gracias a un misil de Fernández.
Desenlace: la segunda es más de lo mismo (con otros dos palos en el arco stronguista). La entrada de Amaral (por un Chura desaparecido otra vez) desplaza a Henry Vaca al extremo por izquierda donde el cruceño no hace tanto daño. Recién en el último tercio del “match”, Vaca se coloca a pie cambiado por la derecha. Los bolivaristas -con Justiniano de «káiser»- dominan la mitad de la cancha donde se ganan los partidos y perdonan una goleada para acabar sufriendo con uno menos. Díaz, sacado y luego expulsado, coloca a Esparza de lateral zurdo cuando entra Arrascaita para poner centros a la cabeza de Triverio (que entra por Prost). Sobre el final, el Tigre empuja con más amor propio que fútbol.
Post-scriptum: Bolívar se jugaba más que su rival (no enemigo) tras su eliminación de Copa Libertadores. Compitió mejor para llevarse un clásico luego de dos años y tres derrotas. El jueves, el Tigre tiene la oportunidad de reivindicarse.







