Introducción: el partido vale tres millones de dólares. El rival -Universidad Católica de Quito- ha eliminado al club Bolívar. Cristian Díaz coloca un ofensivo 4-3-3, el mismo dibujo que los ecuatorianos, siempre peligrosos con los espacios que no tuvieron en la ida. Wayar, el capitán, juega otra vez de lateral derecho para dejar el “doble cinco” a Ursino y Saucedo. En el tridente de arriba, Henry Vaca ataca a pie cambiado, como debe ser; Arrascaita hace lo propio por izquierda; y Triverio es el nueve.
Nudo: el Tigre arranca de la misma manera que con Plaza Colonia, con un gol tempranero a los dos minutos gracias a una proyección de Wayar y un doble remate de Triverio que, por fin, se reivindica con la hinchada. La Católica repite el mismo libreto de la llave con Bolívar y empata cinco minutos después “gracias” a un mal despeje de Aponte. “El Derribador” hace aguas en la contención, como en el clásico.
¿Cuántas veces han jugado juntos la pareja Ursino-Saucedo? Amaral no tiene la pelota, solo Henry desborda y monta contragolpes; solo Arrascaita intenta algo diferente. La presión en bloque alto y los cambios de frente arrinconan a los ecuatorianos que responden en un “match” trepidante de ida y vuelta, de igual a igual. El Tigre se cansa de perder pelotas. Solo Amaral ensaya disparos al arco rival.
Desenlace: Ursino sigue regalando “contras” en salida y los stronguistas no encuentran los espacios para penetrar el nuevo dibujo de la Universidad Católica: dos líneas de cuatro bien juntitas. Díaz saca a uno de los mejores, Arrascaita, para meter a Reinoso en la misma posición. El Tigre se vuelve predecible. El segundo cambio es más obvio: se va Ursino para que Wayar vuelva a su posición y su lugar lo ocupe Torres. Viscarra se disfraza de héroe. Cuando faltan solo cinco minutos para los penales, aparece la figura de la noche: Amaral, con jerarquía y talento, gambetea, se quita dos hombres de encima en un gesto magistral de cintura y cruza para que todo el “Siles” estalle de alegría en una noche mágica. El resto es pasión, garra y sufrimiento, los tres mandamientos del sentimiento atigrado.
Post-scriptum: el Tigre pasa a la fase de grupos, garantiza estabilidad económica y está donde siempre tuvo que estar cuando lo perdió en diciembre. La clasificación tiene un gustito aparte: dejar afuera al que eliminó a Bolívar. El minuto de silencio cambió de acera.







