Introducción: el seleccionador de Brasil, Tite, dice que jugar en La Paz es inhumano. La campaña contra la altura no se detiene, a pesar de que no le ganamos (ya) a nadie. Su preparador físico remata: los bolivianos gozan de “dopaje ambiental”. Farías, en su último partido, vuelve a colocar a un equipo inexperto para chocar con una “canarinha” invicta y de puntaje récord. Herrera es el carrilero por derecha; el doble cinco es para Villarroel y Villamil; y arriba bien abiertos coloca a Henry Vaca y Jeyson Chura para conectarse con el sacrificado goleador del torneo, el señor Marcelo Martins Moreno. Tite, con sed de venganza, no se guarda nada y pone a una pléyade de ”players” con nombres/hombres ilustres como Alves, Militao, Marquinhos, Fabinho, Paquetá, Coutinho, Richardlison…
Nudo: Brasil camina sobre la cancha, toca de primera, salta líneas con facilidad ante la presión alta de la “verde”. Se va a jugar toda la noche al ritmo brasileño. Solo la gambeta eléctrica de un enchufado Henry Vaca, el hombre diferente de Bolivia, aparece para ilusionar. A ratos, Roberto Carlos Fernández mete centros a la olla soñando con la cabeza de Martins. Mientras tanto, la “verde amarela” rinde un homenaje a la pared, tan antigua como el propio fútbol y llega el primero tras una combinación entre Guimaraes y Paquetá. Antes del final del primer tiempo, llega el segundo que desnuda las falencias defensivas bolivianas en toda la eliminatoria. Esto es Brasil: control lujoso, técnica exquisita, precisión absoluta, otra galaxia.
Desenlace: Farías mete tres cambios sin tocar el “dibujo”. Martínez entra por Herrera; González por Villamil; y Ramiro Vaca por Chura. Entonces llegan los mejores minutos de Bolivia: quince minutos intensos, con desborde, con un batallador Martins y con claras chances erradas por la mala puntería; ora Ramiro, ora Roberto Carlos. Alisson, el “goalkeeper” del Liverpool dice presente para convertirse en una muralla imbatible. Tras el 0-3 -perdida en salida- bajan los gritos de “Fuera Farías”. El momento surrealista/burlón llega cuando el público comienza a corear “olé, olé” ante los toques lateralizados de la “verde”. Los brasileños responden con baile y perdonan una goleada aún más sonrojante y vergonzosa.
Post-scriptum: el ciclo de Farías termina de la peor manera, como no podía ser de otra manera. Jamás Bolivia había dado esta sensación de orfandad. Tiene razón Tite, esto es inhumano.







