Introducción: el Tigre visita territorio brasileño y necesita rescatar los puntos perdidos en casa ante Libertad. En la retina de la hinchada gualdinegra todavía se puede ver aquellla victoria (la única) en Brasil ante Sao Paulo con gol de Matías Alonso a pase de Chumacero en la era Soria. Díaz cambia de dibujo (una vez más) y alista un inédito 4-5-1. Torres y Aponte son los laterales (posición endeble del equipo); Castillo y Demiquel son los centrales; el recién llegado Ivo Calleros, Ursino y Wayar son el triple/cinco; con Esparza (que se diluye) y Saucedo (que no siente la banda) por los costados. El único punta se apellida Triverio (no va a tener una pelota potable en toda la noche). El Athletico Paranaense llega inmerso en una crisis: no gana hace cuatro partidos y estrena técnico, Fabio Carille (ex Santos). En el Arena do Baixada de Curitiba hay una docena de hinchas stronguistas: “3.500 kilómetros para verte” es la leyenda de un “trapo” fiel.
Nudo: el equipo de Díaz (y Ramondino, cerebro táctico en la sombra por su pasado como docente de táctica) impone el ritmo “lenteja” del partido. Es sólido y se atreve con cuentagotas a llegar al arco local a través de la pelota parada. El armazón defensivo no deja espacios. El Tigre dobla laterales (Torres y “Menona” por derecha; Aponte y Esparza, por izquierda) para tapar las bandas y también puebla el medio sector. Es la muralla de Díaz.
Desenlace: el bicampeón de la Copa Sudamericano sale con más furia y prueba el recurso de la larga distancia pero no hace daño. Hasta que, a la hora, llega un penal tonto de Saúl Torres. Instantes antes ha entrado el argentino Bautista Cascini por Saucedo. El Tigre juega con seis extranjeros en cancha, algunos casi ni se conocen. ¿Tienen sentido los “refuerzos” (en posiciones equivocadas) solo para la Copa, señor Crespo? A falta de ocho minutos saltan, muy tarde, Henry Vaca y Amaral. El uruguayo cada día me recuerda más en físico/pinta al “Bomba” Gutiérrez en su paso por Achumani.
Post-scriptum: la semana negra del fútbol boliviano (una más) se completa con otro desastre, con otro equipo que compite con dignidad armando una muralla pero no ataca. El Tigre-timorato y ultradefensivo otra vez con Díaz- apenas ensaya un tiro al arco con un pírrico 30% de posesión. La clasificación se complica y la cabeza comienza a estar en la tercera plaza (el rival será Caracas) para pasar a la Sudamericana.







