Fue para Brasil 2014. Rafael Sempértegui me contactó para consultarme si deseaba escribir columnas mundialistas para La Razón. El trato cálido, afectuoso más que la propuesta económica, me persuadió de aceptar.
Fue mi bautismo con el diario. Al fin del Mundial, seguimos vinculados con una columna semanal. Y fueron pasando los años, van a ser nueve.
Me encariñé con el diario, con su gente, con el periodismo responsable que se enarbola desde la dirección. Me encanta su moderna redacción, en la montaña de Auquisamaña, el mirador más bonito de La Paz.
Es un orgullo escribir en La Razón. Nunca me sugirieron un tema, jamás me dijeron que sería conveniente escribir de tal o cual. Respeto y libertad total, lo cual valoro y agradezco.
Este es un momento muy delicado para todas las empresas periodísticas del mundo. La noticia ya no es un monopolio de los medios. Cualquier persona, en la calle, en un estadio, con un celular, registra espontáneamente notas, fotos, videos, los sube a sus redes y se transforma en un generador de noticias.
No obstante, los grandes medios, a través de profesionales de la comunicación, son los aglutinadores de contenidos, de enfoques y de opinión, que no cualquiera puede subir a una red. Al público no le basta con enterarse de una noticia, también necesita su interpretación. Eso lo dan los medios.
La instantaneidad es otra ficha que cambió todo el tablero comunicacional. Alteró las recetas tradicionales. Hizo necesario cambiar las formas de hacer periodismo.
El Titanic fue tragado por el mar en la madrugada del 15 de abril de 1912; entonces no había redes sociales ni televisión ni radios, apenas prensa escrita. Veinticuatro horas después, los diarios del mundo informaron: “Se hundió el Titanic”.
Hoy ese titulo no tendría sentido, pues el mundo recibiría la noticia en el mismo momento en que se estuviera hundiendo, los propios pasajeros, mientras estaban ahogando o subiendo a un bote salvavidas, darían cuenta de la catástrofe mediante su WhatsApp.
El titular más probable de los medios, en su edición del día siguiente, sería: “¿Por qué se hundió el Titanic?” o “¿Se pudo evitar la tragedia…?”. Los vertiginosos cambios han debido hacerse sobre la marcha, sin dejar de informar ni un solo día. Es un mérito excepcional de los medios.
Los diarios son la crónica viva de un país, su registro. Cuando dentro de un siglo alguien desee investigar sobre estos días, acudirá a una hemeroteca y consultará en los diarios. Éstos le dirán cómo era la vida, qué cosas pasaban.
El suplemento deportivo de Marcas ha atravesado todos aquellos cambios. Cumple treinta años siendo el cronista de la actividad deportiva nacional y del mundo. La clasificación al Mundial ’94, el 6 a 1 a Argentina, los títulos de Bolívar y Strongest, de Oriente o de Blooming, el esplendor de esa generación dorada que integraron Etcheverry, Melgar, Baldivieso, “Chocolatín” Castillo, “Platiní” Sánchez, Soria, Borja… Todo nos lo fueron contando las páginas del suplemento deportivo de mayor vigencia en la historia del periodismo boliviano. Hecho con seriedad y compromiso, doy fe.
Me honra haber sido enviado especial a Qatar 2022 por La Razón, me alegra integrar su redacción, aprendí a quererlo, el afecto que recibo me dejó su marca. Brindemos por otros treinta.
(26/03/2023)







