Las risas de Thiago (9), Santino (7) y Amadeo (2) exhalan vida a su abuelo, el embajador de Argentina en Bolivia, Normando Álvarez García (64). Los niños son hijos de sus tres hijas: Silvana (29), Alfonsina (31) y Nahir (23), respectivamente.
“Mi papá siempre me decía que los nietos son como un aguinaldo de amor que nos entrega Dios y tenía razón”, dice emocionado el diplomático.
Para él, sus hijas y nietos son una alegría, los disfruta mucho. Asegura que los niños hasta lo rejuvenecen porque hacen que tenga ganas de vivir por mucho tiempo para estar con ellos “a medida que pasan los años y cuando sean grandes”.
Pero no todo ha sido sonrisas en la vida de Álvarez García, ya que quedó viudo hace 15 años, cuando dos de sus hijas eran adolescentes y la menor, una niña.
“Fue lo más difícil que tuve que vivir junto con mis hijas porque la tristeza de ellas se sumaba a la mía. Pero, gracias a Dios, tenemos los mejores recuerdos de su madre y siempre nos acordarnos de las cosas lindas que habíamos pasado con ella. De ahí en adelante quedó avanzar porque la vida exige que sigamos luchando por nosotros y ellas, por sus hijos, mis nietos”.
Desde entonces, la relación con sus hijas se volvió más cercana. Ellas aprendieron mucho de él, pero también le enseñaron el universo femenino.
