- Ropa ajustada. Lleva prendas, como suéteres, calzas y medias holgadas, así evitarás la lucha que significa el momento de retirártelas cuando te lo pidan. Una vestimenta ceñida y apretada en un avión inclusive puede llevarte a una embolia pulmonar.
- Ropa interior con alambres o sujetadores de metal. Este tipo de prendas, sólo hacen más difícil el paso por los detectores de metales; detienen e interrumpen las revisiones acabando con la paciencia de los demás.
- Pijamas, simplemente, no. Ni en aeropuertos ni en aviones, nunca fuera de la casa. Existe una variedad de pantalones cómodos para volar y sudaderas holgadas. ¡El avión es un lugar público y no tu dormitorio privado!
- Calzas de yoga o leggings. Lo mismo ocurre con las calzas apretadas y transparentes. Es recomendable inclusive leer el código de vestimenta de la aerolínea, ya que algunas consideran inapropiado el uso de esta prenda. Lo que siempre digo: Las calzas no son pantalones.
- Zapatos incómodos o complicados, de sacar y poner como las sandalias al estilo Gladiador, cargadas de hebillas, cordones y metales. La simplicidad es tu mejor opción, que nada detenga ni obstaculice el paso a otros. Evita los tacones, quizá debas correr para encontrar tu puerta de salida.
- Demasiada joyería o metales en exceso. El proceso en los aeropuertos debe ser fácil y fluido. Si pones en marcha el detector de metales, te demoras y demoras a una larga fila; colabora para que todos se beneficien. Si tuvieras perforaciones en orejas o cualquier otro lugar del cuerpo, informa al oficial antes de pasar.
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