En 2016 le regalé una pachacha a mi ahijada, porque no podía tener hijos. Le compré la más bonita que vi, bien hechita, le conseguí su ajuar de un bebé de verdad y se la di bien envueltita. La hice bendecir y en 2017 tuvo una niña, yo pienso que fue por la fe con la que le regalé”, cuenta Miriam Chara (54).
Las pachachas (muñecas de yeso en quechua) “son una tradición del campo, se las regala a mujeres que no pueden tener hijos. Las cargan con bayetitas y aguayo, como si fuera un bebé de verdad, las llevan al cementerio para hacerles escuchar misa del mediodía de Todos Santos, el 2 de noviembre”, explica Nelly Quispe, vendedora de pachachas en la zona Max Paredes de la ciudad de La Paz.
“Al terminar de escuchar la misa el cura se acerca a bendecir y al irse se debe tratar a la pachacha como a un bebé de verdad”, añade la vendedora.
Esta tradición se debe a que “las almas traen fertilidad”, explica el antropólogo Milton Eyzaguirre, porque “contrariamente a la región occidental —en la cual se cree que los muertos son solo eso: muertos, entonces lo único que hacen es recordar a esa persona difunta— en el contexto andino las almas vienen a trabajar, como señal traen lluvia, por eso para ellos este tiempo no termina el 2 de noviembre, sino que acaba en tiempo de Carnaval”, indica el antropólogo.
Con datos de: Milton Eyzaguirre (antropólogo, tel.: 68171657)
