El gobierno regional de Río de Janeiro investigará los posibles excesos de la Policía en la represión a los manifestantes que ocuparon el jueves el centro de la ciudad para reivindicar mejores servicios públicos.
Así lo aseguró el gobernador Sergio Cabral, quien dijo a la prensa que la Policía se vio obligada a actuar cuando grupos de manifestantes, que calificó como minoritarios, aprovecharon la protesta para realizar ataques vandálicos que provocaron graves daños en la ciudad.
La protesta que congregó a cerca de 300.000 personas degeneró en un enfrentamiento entre pequeños grupos de manifestantes y policías que dejó 62 heridos, diez detenidos y rastros de destrucción en el centro de la ciudad.
“No vamos a proteger a la Policía ni a los vándalos”, dijo Cabral al referirse a las indagaciones que serán abiertas.
“Hay que revisar los procedimientos (de actuación de la Policía) y verificar los excesos. Quienes cometieron excesos tienen que ser castigados de ambos lados”.
Algunos manifestantes, dispersados por la Policía con gases lacrimógenos, al huir destruyeron señales de tránsito, muebles públicos, autobuses y agencias bancarias. Según diferentes denuncias, en la persecución, la Policía agredió a otras personas; cercó una universidad en la que se había refugiado gente y lanzó gases lacrimógenos en un barrio de numerosos bares, cuyos clientes tuvieron que salir huyendo.






