Argentina, Brasil, Chile, Venezuela, Paraguay y Uruguay han tendido una mano a los sirios que huyen de la guerra civil, en momentos en que Europa afronta a diario la llegada de miles que han cruzado el Mediterráneo y la Organización de Naciones Unidas advierte de una creciente xenofobia.
Algunos de estos países latinoamericanos ya tenían normativas específicas para la entrada de los sirios y las han ampliado o divulgado para que haya más solicitantes, mientras que otros se han sumado ahora a los llamamientos a la solidaridad hechos desde organismos internacionales.
El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), el uruguayo Luis Almagro, opinó ayer en México que América Latina debe abrirse a ofrecer asilo a familias sirias. Precisamente el Gobierno chileno comenzó a estudiar los beneficios que el Estado proveerá a los sirios que se propone acoger como refugiados en un número aún no determinado.
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, fue mucho más allá y ayer anunció que su país dará refugio a 20.000 sirios. También la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, afirmó que su país tiene los «brazos abiertos» para los refugiados, principalmente de Siria, pese a la crisis del país.






