Después de haber pasado 20 años en una prisión china, Abdulá Abdulramán se refugió en Turquía, que durante mucho tiempo cobijó a decenas de miles de uigures, una minoría musulmana perseguida en China.
Pero como ahora Ankara depende de las inversiones de Pekín y de la vacuna china contra el nuevo coronavirus, este refugiado de 46 años teme ser expulsado a China, un país acusado de haber internado a más de un millón de uigures en campos.
«Aquí ya no estamos seguros», lamenta Abdulramán, quien desde hace dos meses participa en manifestaciones diarias frente al consulado chino en Estambul.
«Si Turquía me envía de vuelta (a China), los chinos no me dejarán vivo», añade. «Tenemos miedo de ser expulsados».
El temor ha aumentado desde que el Parlamento chino ratificó en diciembre un acuerdo de extradición con Turquía que data de 2017.
Los diputados turcos no se han pronunciado sobre este texto, pero los uigures que viven en Estambul denuncian un clima cada vez más hostil que ha llevado a miles de ellos a huir a Occidente.
(11/03/2021)






