Uniformados disparan en la noche, personas caen y luego los manifestantes de día braman, videos en mano, «nos están matando». Colombia atraviesa una ola de protestas masivas contra el gobierno y excesos policiales. La ira popular exige un cambio extremo en las fuerzas de seguridad.
La brutalidad policial, denunciada también por la comunidad internacional, alimentó la crisis social que ya había agudizado la pandemia. El descontento popular se volcó entonces hacia la policía, que se forjó en el conflicto contra las guerrillas comunistas y el narcotráfico.
«En Colombia el enemigo estuvo adentro. Y en ese sentido la idea del enemigo interno prevalece en el imaginario de los colombianos, tanto en la policía como en el ejército», señala Óscar Almario, historiador de la Universidad Nacional.
En 15 días de manifestaciones han muerto 42 personas (41 civiles y un agente), según la Defensoría del Pueblo.
El ministerio de Defensa también cuenta 1.500 heridos, entre civiles y policías. Y la ONG Temblores, que consigna abusos de la fuerza pública, denuncia al menos 40 homicidios a manos de fuerzas del orden.
La AFP evaluó unos 40 videos donde se ven actos violentos por parte de policías.
Al igual que en otras partes del mundo, la fuerza pública colombiana tiene dificultades para adaptarse a las nuevas realidades.
Las protestas son muchas veces espontáneas, sin liderazgo definido, pero con un agravante: casi seis décadas de enfrentamiento interno enraizaron la idea de que los manifestantes son enemigos a combatir, concuerdan expertos.
Cientos de miles de colombianos se han movilizado enérgicamente. Lo que empezó como un rechazo a una proyectada alza de impuestos -ya archivada- se convirtió en un grito de ira popular que, entre muchos reclamos, exige una nueva policía, que ya no dependa del ministerio de Defensa.
(13/05/2021)






