Neumáticos quemados, vidrios rotos y pilas de escombros cubren las calles sinuosas de Cisjordania ocupada, el territorio palestino donde la palabra «resistencia» resuena cada vez más fuerte.
Después de intensas protestas en Jerusalén Este, anexada por Israel, y los choques con la policía israelí en la mezquita de Al Aqsa, que dejaron a cientos de heridos, el conflicto escaló dramáticamente en Gaza en la última semana.
El movimiento islamista Hamás, que gobierna la Franja de Gaza, lanzó misiles a Jerusalén, e Israel respondió con un ataque casi sin tregua contra el densamente poblado enclave palestino, con aviones de combate y artillería.
Ahora los habitantes de Cisjordania, bajo control de la Autoridad Palestina del presidente Mahmud Abas, también recurrieron a las protestas, en una muestra de solidaridad con los gazatíes.
«Este es el inicio de la tercera intifada», afirmó Ashraf Ahmed, de 17 años, usando la palabra que significa «alzamiento» con la que los palestinos designan sus rebeliones previas contra Israel.
Datos
En Cisjordania, de Hebrón a Ramala, Belén, Yenín y Naplusa, decenas de jóvenes pasan las noches en furiosas protestas contra las fuerzas israelíes, lanzando piedras en medio de los disparos.
Ahmed, vestido de camisa amarilla, zapatillas y con el incipiente bigote de un adolescente, trabaja en una pequeña tienda de computadoras de Jenin.
Las paredes lucen afiches de los «mártires» de las intifadas de 1987 a 1993 y de 2000 a 2005.
Al atardecer, Ahmed se encuentra con sus amigos en Jalamah, un punto de cruce a Israel 7 km al norte de Jenin.
En el sitio persiste un fuerte olor a gas lacrimógeno y el suelo es negro de todos los neumáticos incendiados en la víspera.







