El Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), un organismo de monitoreo de la guerra con sede en Reino Unido, indicó este domingo que el mandatario Bashar al Asad había huido del país, tras la entrada de los rebeldes a Damasco, la capital.
Su huida no sólo significa el fin de su poder, sino el de toda su familia. Al Asad asumió las riendas del país en el año 2000, sucediendo a su padre, que gobernaba desde 1971.
Asad logró recuperar el control de gran parte de Siria en la guerra civil que comenzó en 2011, tras enfrentarse a protestas multitudinarias que exigían su destitución y una rebelión armada que prácticamente aplastó.
Durante años, el dirigente se apoyó en sus alianzas con Rusia, Irán y el movimiento libanés Hezbolá para mantenerse en el poder.
Y mientras dirigía una despiadada guerra de supervivencia para su gobierno, se presentaba ante el pueblo y el mundo como el único líder viable frente a la amenaza islamista en Siria.
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Al Asad
El 27 de noviembre, sin embargo, empezó una fulgurante ofensiva liderada por islamistas, que no tardó en conquistar varias ciudades del noroeste y centro del país, controladas por Al Asad.
Los rebeldes, liderados por los islamistas de Hayat Tahrir al Sham (HTS), anunciaron el domingo su entrada en Damasco.
El tirano» Al Asad «huyó», afirmó la alianza de grupos rebeldes. Rusia, a su vez, anunció que el presidente «dimitió» y salió del país, sin precisar su destino.
El presidente Bashar al Asad gobernó Siria con mano de hierro durante 24 años y reprimió con violencia una revuelta prodemocrática en 2011, que se transformó en una de las guerras más sangrientas del siglo.







