La alta comisionada para DDHH de la ONU, Navanethem Pillay, inició ayer una visita a Bolivia en medio de acusaciones al Gobierno de restringir la libertad de expresión, y luego de que la Iglesia expresara preocupación de que el país vaya hacia una democracia formal sin principios éticos.
La alta funcionaria de la ONU tiene previsto permanecer cinco días en Bolivia. El martes se reunirá con el presidente Evo Morales luego de entrevistarse por separado con representantes de los órganos Legislativo y Judicial.
Además, tiene en agenda diversas reuniones de análisis sobre la situación de los derechos humanos, como la que sostendrá con el defensor del Pueblo, Rolando Villena. Directivos de la prensa gestionaban de su lado una reunión con Pillay para expresarle su rechazo a la recién promulgada Ley contra el racismo, que contiene dos artículos que, según organizaciones patronales y sindicales, violan la libertad de expresión.
Desde la promulgación de la ley, en octubre, los medios han señalado la necesidad de autocensurarse para evitar caer en alguna falta que implique multas o cierre de medios, y en particular en las páginas internet, donde cerraron los sitios para opinión de sus lectores, expresando claramente que se debía a esa ley.
«He venido a ver y escuchar», de manera que antes de emitir opiniones es preciso que «hable primero con todos» los sectores concernidos respecto a sus preocupaciones, dijo Pillay ayer en una escueta declaración en el aeropuerto de la ciudad de El Alto.
La funcionaria arriba además en momentos en que la Iglesia Católica expresó preocupación de que en Bolivia «se instaure una democracia puramente formal, sin valores y principios éticos».
La Iglesia recriminó a su gobierno por la ausencia de un diálogo sincero y otros factores que incidirían en la democracia.






