El sitio web de WikiLeaks permaneció fuera de servicio casi todo el día y su fundador, Julian Assange, en paradero desconocido y perseguido, mientras que la Casa Blanca anunció la creación de una comisión para evitar nuevas filtraciones en la red.
La página de WikiLeaks es objeto de ataques sistemáticos desde que el domingo comenzó la filtración de cables diplomáticos que han dejado al desnudo la política exterior estadounidense.
El sitio buscó refugio en los servidores de Amazon.com tras los ataques contra su habitual servidor en Suecia, Bahnof, pero Amazon retiró ayer sus servicios por motivos desconocidos. El acceso a la página se reanudó después de que WikiLeaks regresó a su proveedor sueco en medio de un visible descontento por el episodio de ayer.
«Si Amazon está tan incómoda con la Primera Enmienda (de la Constitución de EEUU que defiende la libertad de prensa, expresión y religión, así como el derecho de reunión) deberían de salirse del negocio de venta de libros», afirmó WikiLeaks a través de su sitio en Twitter.
Defensa. Desde Londres y en medio de la presión de las autoridades suecas para que Assange rinda cuentas ante la Justicia de ese país por supuestos delitos sexuales, el portavoz de WikiLeaks, Kristin Hrafnsson, negaba que la filtración haya violado ley alguna.
«Estamos haciendo esto por el bien del público (…) No creo que hayamos violado ley alguna», dijo Hrafnsson en declaraciones a medios en Londres, a lo que añadió que la transparencia es la base de cualquier democracia saludable. «Un mundo sin secretos es un mundo mejor», afirmó el ex periodista televisivo de Islandia.
En Washington, mientras tanto, continúan los esfuerzos para evitar que una filtración tan embarazosa como ésta se repita.
Así, la Casa Blanca anunció ayer la creación de una comisión que investigará y pondrá en marcha reformas en la distribución de información clasificada.
El asesor de Seguridad Tom Donilon puso al frente de la comisión al especialista en lucha antiterrorista Russell, quien sugerirá cambios necesarios para impedir sucesos similares. Interpol informó ayer que emitió una orden internacional de detención, una «notificación roja» (el nivel más alto), contra Assange, por presuntos delitos sexuales.
La organización publicó la información en su página web, en la que consta que la orden de búsqueda y captura de Assange, de 39 años, fue emitida a petición de la Oficina Internacional de la Fiscalía de Gotemburgo, en Suecia.
Revelaciones
Mafia en Rusia
Rusia es un «virtual Estado mafioso» donde el primer ministro, Vladímir Putin, «gobierna entre bastidores» por encima del presidente, Dimitri Medvédev, revelaron nuevos documentos diplomáticos del Departamento de Estado de Washington filtrados por WikiLeaks.
Paranoica e inútil
El ex embajador de EEUU en Brasil, Clifford Sobel, calificó la política de seguridad de Brasil en el Amazonas de «paranoica» y su empeño en construir submarinos nucleares de «inútil», según una nueva filtración de WikiLeaks, de dos cables de Departamento de Estado.
Apoyo de madre
«Mucho de lo que se ha escrito contra Julian no es verdad», declaró a la radio australiana ABC Christine Assange. «Es mi hijo, lo quiero y no quiero que lo detengan y lo encarcelen. Reacciono como cualquier otra madre», añadió.
Miguel Ángel Bastenier
‘Hacktivismo’
El hacktivismo, o actividad de los hackers para informar al público de todo aquello que los gobiernos no quieren que se sepa, se está convirtiendo en el movimiento contracultural del siglo XXI. No es tanto que vuelvan los años sesenta, como que una forma de sentir las relaciones del ciudadano con la cosa pública de raíz profundamente anglosajona ha encontrado en las nuevas tecnologías su forma de expresión. En el fenómeno creado por la oleada de revelaciones del movimiento WikiLeaks, que dirige el escurridizo australiano Julian Assange —primero sobre las guerras de Afganistán e Irak, y esta semana sobre la diplomacia planetaria de EEUU— hay que distinguir dos realidades: el material informativo en sí mismo, y la propiedad política y moral de esa exposición.
Es comprensible que el Departamento de Estado norteamericano haya puesto el grito en el cielo y que su titular, Hillary Clinton, dijera que así no hay forma de conducir una política exterior. Pero ¿cuál es la plataforma de pensamiento sobre la que opera WikiLeaks? Assange dio a conocer ya en los años noventa su credo de sumo sacerdote del hacktivismo: libre acceso a la información.
Esa cualidad de guerrillero o francotirador informático no excluye, sin embargo, que el fundador de WikiLeaks haya tomado precauciones por si alguna de las agencias norteamericanas ofendidas por lo que se ha publicado —y lo que falta aún por publicar— decide tomarse la justicia por su mano. Y para ello ha dejado debidamente codificado un paquete de nuevas revelaciones de 1,4 gigabites. Tenemos WikiLeaks, con o sin Julian Assange, para rato.
Miguel Ángel Bastenier
es columnista de El País de Madrid






