El pabellón tres, Chonchocorito, es considerado como el recinto de máxima seguridad del penal de Palmasola, es símbolo de la opresión, donde rige la ley de la jungla, ya que allí sobrevive el más fuerte. Allí se construyó un sector de oficinas, pero el mismo fue habilitado para celdas por la cantidad de reclusos.
En el sector están los bloques A (que debía ser oficina administrativa) y B; los internos del último, en su intento de avasallar al primero, desataron la mayor reyerta del sistema penitenciario en Bolivia, la que dio fin a 35 vidas.
El ministro de Gobierno, Carlos Romero, informó que el móvil del hecho de sangre fue la pugna por el poder en el interior del recinto. Los líderes del boque B habrían invadido al A para intentar tomar el control. El informe de que el bloque A era para oficinas fue corroborado por un exgobernador de Palmasola. Este sector fue afectado por la explosión provocada con gas licuado de petróleo y el posterior incendio.
Los primeros internos que fueron trasladados hasta el bloque A habrían construido paredes a base de madera, para dar una forma de celda y lograr de alguna manera su privacidad. Desde entonces, la infraestructura cobija a los reclusos preventivos considerados más peligrosos.
Actualmente un grupo de los sobrevivientes vive en carpas instaladas en el mismo predio del bloque A y otros 50 se encuentran asilados en el pabellón abierto, hecho que generó la reacción de los internos del PC4 que elevaron un voto resolutivo exteriorizando su rechazo a que los mismos se queden en el lugar. Plantearon su traslado al PC7.
Según un interno, a este pabellón son derivadas las personas que no cuentan con recursos económicos en el momento del ingreso a Palmasola, porque “cuando uno llega a este lugar tiene dos opciones: ir al régimen abierto o al cerrado, en función de cuánto de dinero lleva en el bolsillo para pagar a las autoridades”. Los reclusos que pasaron por Chonchocorito y que hoy están fuera recuerdan que la violencia, pobreza y miseria son los ingredientes de todos los días en esa sección.
El director nacional del Régimen Penitenciario, Ramiro Llanos, indicó que todavía se evalúa el daño provocado por la explosión en la infraestructura del bloque A. “Si la afectación es grave, no nos quedará otro (camino) que derribarlo y construir un nuevo recinto”, advirtió.
Víctimas del ataque
Heridos
En el penal de Palmasola hay 31 heridos leves, mientras que en los hospitales hay más de 30 lesionados, especialmente por quemaduras.
Muertos
Entre los 35 fallecidos hay tres extranjeros: un brasileño, un cubano y un peruano.
Mayoría de muertos eran acusados de robo agravado
Cerca del 56% de los 34 internos que fallecieron (al margen del niño) en la reyerta del bloque A del pabellón Chonchocorito de la cárcel de Palmasola, el viernes 23 de agosto, estaba detenido por el delito de robo agravado y ninguno de ellos contaba con una sentencia ejecutoriada. El 15% del total de los reclusos estaba encerrado por delitos de violencia sexual. En este grupo ninguno de ellos contaba con una sentencia, la mayoría había ingresado a la cárcel en 2012.
En el tercer lugar figura el delito de asesinato, que concentra al menos el 12%. A diferencia de los segmentos anteriores, dos internos contaban con sentencia de 30 años de cárcel, uno de ellos murió en el recinto y el otro en un centro asistencial. El resto de los internos que murieron calcinados en la refriega eran detenidos preventivos por sustancias controladas, estafa y hurto, según el reporte oficial.
De los 35 fallecidos, 32 son de nacionalidad boliviana y uno es cubano, que cumplía la detención preventiva por la comisión del delito de intento de asesinato, otro brasileño y el último peruano. Fernando Vásquez Ricaldi (39), que murió junto a su hijo de dos años, ya había cumplido su condena de cinco años por robo agravado en febrero de 2013, pero no salió libre.






