Argentina todavía masculla el intento de magnicidio contra la vicepresidenta Cristina Fernández. En el recuento de daños, saltan dos elementos de análisis: el rol de los medios de informa y del sistema político.
En un análisis en la transmisión digital Piedra, Papel y Tinta, de La Razón, el periodista argentino Andrés Sal.Ari consideró que en Argentina, como otros países, existen actos «perniciosos bajo campañas mediáticas y políticas» que «fomentan escenarios de odio y violencia».
En su criterio, el caso de intento de asesinato de Fernández, el jueves 1 de septiembre, es la consecuencia de ese rol.
Para el economista Armando Ortuño, esa consecuencia tiene antecedentes en la confrontación política. “Hoy es rentable la lógica de crispación» en la política, en la definición del enemigo y en un escenario en el que se «absolutiza» el lenguaje «amigo/enemigo».
El analista dijo muchos políticos creen que mientras «más vociferante sean», más trascendencia pública tienen. La cosa es si respondemos con más vociferación o no, cuestionó.
En su opinión, Sal.Ari aseguró que las campañas violentas son generadas en sectores de ultraderecha, a diferencia de la izquierda. Expresó su temor por que pase algo así en Brasil, en puertas de las elecciones.
EL jueves, mientras se encontraba afuera de su casa, la vicepresidenta Fernández fue sorprendida por un grupo de simpatizantes que habían ido a su alcance para expresarle su apoyo en un proceso en su contra por presunta corrupción, por el que fiscal pidió 12 años de prisión.
Entre los simpatizantes irrumpió un hombre que le apuntó un arma en plena cabeza, a escas centímetros de distancia. Aquel gatilló el revólver que no disparó. El propio presidente Alberto Fernández afirmó que el arma contenía cinco balas y había que investigar técnicamente por qué no funcionó el aparato.
Se trata de Fernando Sabag Montiel, un brasileño naturalizado argentino de 35 años que hace años había sido procesado por tenencia ilegal de armas.







