La reciente elección judicial, marcada por el contexto de desencanto ciudadano y cuestionamientos al proceso, ha dejado lecciones que analizan los expertos Yerko Ilijic y Armando Ortuño. A pesar de las críticas al bajo nivel de información y el efecto polarizador de las redes sociales, el dato central que sorprende es que esta elección ha registrado el mayor porcentaje de votos válidos en comparación con sus predecesoras.
Ortuño afirmó que, a diferencia de las elecciones judiciales de 2011 y 2017, en las que predominaban los votos nulos y blancos (alrededor de dos tercios), esta vez se invirtió la tendencia: dos tercios de los electores emitieron votos válidos.
“Para mí son las paradojas de esta elección. Había todas las condiciones para que digamos que es una elección de mierda”, dijo en el programa Piedra, Papel y Tinta, de La Razón.
Un ejemplo claro es el caso de La Paz, donde algunos candidatos obtuvieron un respaldo significativo, como el magistrado constitucional Boris Arias, quien se destacó por una campaña que resonó en redes sociales. Este fenómeno, según Ortuño, muestra que la población encontró motivaciones políticas y de rechazo hacia ciertos bloques, más allá de los méritos de los candidatos.
“Esto no solo refleja un mayor compromiso de la ciudadanía, sino también la capacidad del electorado de encontrar razones para votar, aunque sea en medio del rechazo generalizado”, explicó.
Yerko Ilijic, por su parte, señaló que la falta de información y difusión por parte del Tribunal Supremo Electoral (TSE) dejó al electorado en una posición de “incompetencia técnica” para decidir sobre los jueces más capacitados.
“No estamos eligiendo representantes, sino magistrados que deben resolver los derechos de los ciudadanos. Sin embargo, el electorado no tuvo acceso a los expedientes de los postulantes, lo que desvirtuó el objetivo meritocrático del proceso”, afirmó.
A pesar de las deficiencias, ambos analistas coincidieron en que esta elección refleja una ciudadanía más movilizada.
“Aunque la frustración con el sistema es evidente, muchos optaron por participar para evitar que el proceso sea capturado completamente por el oficialismo. Esto demuestra que, incluso en el rechazo, hay una búsqueda de incidencia política”, argumentó Ortuño.
El desafío, según Ilijic, es que el sistema político y el TSE reconozcan las lecciones de este proceso. “No basta con elegir; es necesario construir un mecanismo que combine meritocracia en la selección previa con una validación ciudadana informada y transparente. De lo contrario, seguiremos repitiendo ciclos de desencanto y polarización”.







