Las elecciones municipales deberían ser una oportunidad para debatir sobre el tipo de ciudad en la que deseamos vivir. Es visible el agotamiento del modelo de densificación y crecimiento urbano a toda costa que fue alimentado por la bonanza económica y el boom inmobiliario de los últimos años. Se esperaría propuestas audaces para su transformación en este tiempo de campaña, sin embargo éstas escasean entre los candidatos.
El último decenio ha sido posiblemente uno de los periodos de mayor desarrollo urbanístico y demográfico en las grandes urbes bolivianas. Para muchos, una señal de la bonanza ha sido la aparición de enormes inmuebles en las zonas céntricas, de exclusivas urbanizaciones privadas en los suburbios y de una desordenada densificación de los barrios populares. Este proceso ha estado acompañado, por lo general, de una insuficiente modernización y ausente mejora de servicios e infraestructuras básicas. Peor aún, en muy pocos lugares se han ampliado los espacios verdes o las opciones de entretenimiento público para los ciudadanos.
Hoy vivimos en ciudades más grandes y caras y paradójicamente ha desmejorado la calidad de vida; estamos en ciudades donde se está imponiendo una racionalidad mercantil y privatizadora que amplía las desigualdades, que privilegia los intereses de constructores y promotores y alienta la especulación inmobiliaria. Ciertamente, muchos ya tienen un hogar o un apartamento propio, pero en ambientes con poca luz, con calles abarrotadas, parques abandonados o invadidos por ambulantes y lugares de esparcimiento masivos solo para los que tienen los recursos suficientes para pagarlos.
Parecería sensato apuntar a superar este modelo, entre otras razones, porque si no lo hacemos en muy poco tiempo tendremos graves problemas en servicios vitales como el agua, el transporte, el manejo de la basura o el saneamiento básico. Tendemos a olvidar muy rápido la crisis del agua de hace tres años, los constantes desastres en las laderas paceñas o las urbanizaciones a la vera de ríos en todo el país, el derrumbe del botadero municipal, también en La Paz, o los estragos de las lluvias en la ciudad de Sucre hace apenas algo más de un mes.
Por otro lado, gran parte de la ciudadanía ya no se satisface con tener unos metros cuadrados donde vivir en medio la urbe sino que requiere, aspira y tiene también el derecho a lugares con mayor comodidad y con fácil acceso a actividades de esparcimiento y desarrollo. Aspectos cualitativos que contribuyen además a disminuir la inseguridad y la violencia social.
Se esperaría en estas semanas de decisiones que algunas de estas preocupaciones sean tomadas en cuenta en el debate político que se está produciendo a medias con motivo de las próximas elecciones municipales. Sin embargo, los viejos tópicos siguen predominando, con moros y cristianos prometiendo grandes y pequeñas infraestructuras. Se extraña algo de audacia entre los candidatos para problematizar y ojalá modificar el modelo de ciudad que nos está asfixiando.






