Los reportes epidemiológicos indican que los contagios de COVID-19 son menores pero que se están estabilizando. Resulta preocupante la expansión de la enfermedad desde países vecinos en los que la situación ha empeorado drásticamente. En Bolivia, la vacunación masiva, pese a ciertos atrasos, se está acelerando. Se precisa ahora de una muy amplia y eficaz campaña de información.
Durante los meses de enero y febrero el país registró un alto número de enfermos de COVID-19. Los servicios de salud estuvieron nuevamente saturados como en el primer pico de mediados del año pasado. Afortunadamente, la situación ha mejorado, los contagios y decesos han reducido, pero las cifras actuales tienen que mantener la alerta en las autoridades y en la ciudadanía. Esta estabilidad podría ser puesta en riesgo por la situación epidemiológica descontrolada en algunos de nuestros vecinos, Brasil, el primero de ellos, pero también Chile y Perú, donde el virus se está expandiendo a un ritmo superior al del año pasado. Por otra parte, son visibles el relajamiento en las medidas de distanciamiento en la población y el levantamiento súbito de restricciones por parte de autoridades municipales.
El cierre de contratos de provisión de vacunas con varias empresas y la llegada de lotes importantes de esos fármacos han sido buenas noticias para el país. Ahora el reto es que la vacunación se realice de manera eficiente, oportuna y equitativa. En una primera etapa, se inició el proceso con el personal de salud, pero ahora está empezando la fase más delicada con su masificación hacia grupos de población cada vez más numerosos.
Las autoridades en sus distintos niveles tienen el gran desafío de no permitir que la situación epidemiológica se deteriore, para eso se deberían asumir las medidas de protección que la situación requiera frente a un posible desborde de casos (el riesgo en la larga frontera con Brasil debe ser un punto de atención permanente). Las acciones que se están implementando en el Beni en estos días deberían desplegarse a otras fronteras.
En ese sentido, tampoco parece muy aconsejable reducir excesivamente las restricciones a las que los ciudadanos ya se habían habituado, la situación está lejos de ser normal. De similar manera, el esfuerzo de prevención debería redoblarse para evitar que la gente se relaje, las campañas de información públicas deberían reactivarse e intensificarse.
Finalmente, es crucial también ampliar los canales de información a la población sobre los plazos, requisitos y lugares de la vacunación masiva. Por lo pronto, toma mucho tiempo conseguir las referencias, los datos están dispersos y los portales oficiales no cuentan con esa información bien ordenada. Quizás hasta ahora no se precisaba un esfuerzo masivo de comunicación, pero una vez que son cientos de miles los potenciales beneficiados es imprescindible avanzar en ese sentido si no se desea que esa sea una fuente de problemas para que esa política llegue a buen puerto.






