Dos nuevos proyectos de exploración han despertado el optimismo de las autoridades del área hidrocarburífera, que ya comienzan a soñar con ganancias de hasta $us 5.000 millones si es que los pozos resultan ser exitosos. Sin embargo, hay quien afirma que hay un exceso de confianza en los futuros pozos, que todavía no han terminado de ser explorados y mucho menos perforados.
Se trata de los pozos Itacaray- X1 y Charagua-X1, el primero en Chuquisaca y el segundo en Santa Cruz, que juntos producirían en el futuro inmediato la multimillonaria renta ya mencionada, amén de estabilizar las reservas hidrocarburíferas del país, fijadas, tras una certificación internacional en 2018, en 8,95 trillones de pies cúbicos (TCF) de reservas probadas, es decir, efectivamente existentes.
El presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) asegura que el campo que se explora en Charagua producirá una renta de $us 1.500 millones; el de Chuquisaca provoca todavía mayor expectativa, pues el vicepresidente de Administración de Contratos y Fiscalización de la estatal petrolera sostiene que aportará con $us 3.500 millones a las arcas del país.
Sin embargo, tres expertos consultados por LA RAZÓN al respecto coinciden en señalar que hay demasiado “exitismo” en las autoridades, pues las exploraciones aún están en curso y todavía falta perforar los pozos y hacerlos productivos, si es que la exploración resulta exitosa. Un resultado negativo en la exploración podría no solo frustrar la enorme expectativa despertada, sino también afectar la imagen del Gobierno.
Por otra parte, aunque se valora el esfuerzo de exploración y perforación de nuevos pozos, se señala que esta tarea lleva considerable retraso, pues hubo poca inversión en exploración y desarrollo de nuevos campos, actividades que fueron confiadas a empresa socias de YPFB que, según algunos expertos, mostraron poco interés en el desarrollo de nuevos campos dado el contexto normativo del negocio en Bolivia.
Asimismo, los expertos consultados por este diario señalan que además de los esfuerzos que aquí se comentan, urge que la estatal petrolera desarrolle planes de exploración y planes de negocio para el largo plazo, en los que se establezca costos e ingresos de los proyectos, además de capacidad de producción esperada y rentabilidad del negocio; esta información mejoraría la capacidad negociadora de YPFB con compradores internacionales.
Para nadie es desconocido que la renta petrolera es el principal ingreso económico del país, y en la medida en que la industrialización es todavía incipiente (y ha sufrido un retraso de casi un año a causa del gobierno transitorio y sus equivocadas decisiones), la producción de líquidos sigue siendo el corazón del negocio, tanto para la exportación como para el consumo interno, que solo puede incrementar gracias al crecimiento de las redes de gas domiciliario e industrial. Urge, pues, que la gestión del negocio hidrocarburífero esté a la altura de las expectativas que las autoridades están creando.






