A estas alturas del contexto regional, la permanencia de Luis Almagro en la Secretaría General de la OEA es una anomalía. Y no solo por su conducta indebida con una subalterna, sino en especial por haber deteriorado el organismo. Su desempeño arbitrario y discrecional en diferentes coyunturas, como la crisis de 2019 en Bolivia, golpeó la legitimidad de una OEA hoy venida a menos.
Desde el inicio de su primera gestión en 2015, Almagro vulneró la naturaleza y principios del organismo. Lejos de cumplir el propósito, establecido en el primer artículo de la Carta constitutiva, de lograr “un orden de paz y de justicia (entre los Estados miembros), fomentar su solidaridad, robustecer su colaboración y defender su soberanía, su integridad territorial y su independencia”, el oscuro personaje puso la OEA al servicio incondicional de la agenda de la administración estadounidense.
Así, en lugar de fortalecer la integración del sistema interamericano, la OEA de Almagro se convirtió en una trinchera ideológica para avalar o castigar discrecionalmente a los gobiernos. En esa lógica, antes que integrar un foro de los 35 Estados miembros, dividió a la región en amigos y enemigos. Hoy, en un contexto de nuevo giro a la izquierda, tenemos una OEA cuestionada, con poca legitimidad, casi irrelevante. No pocas voces consideran que debiera ser sustituida por otras instancias como la Celac.
Un ejemplo de la conducta sinuosa de Almagro es la crisis político- institucional en 2019 en Bolivia. Primero llegó hasta el Chapare para brindar apoyo al expresidente Morales, afirmando que prohibir su reelección era discriminatorio. Desató la furia de la oposición. Luego fue pieza clave en el desenlace del proceso electoral, madrugando con un informe que venía con sentencia previa. Almagro tenía el mandato de derrocar a Evo y operó en consecuencia. Para el oficialismo, pues, es un golpista.
En pocas semanas se conocerá el resultado de la investigación externa sobre una acusación contra Almagro por conducta indebida, al haber ascendido arbitrariamente en la OEA a una empleada con la que mantenía una relación sentimental. Luego se supo que viajó 34 veces en dos años con esta persona. De comprobarse la acusación, Almagro podría ser destituido. Claro que la lista de desviaciones del todavía secretario general excede en mucho a la violación del código ético de la OEA en sus relaciones íntimas.
Así lo entienden ocho congresistas estadounidenses, que acaban de pedir que se investigue al secretario general por “actos ilícitos atroces y perjudiciales”. Mencionan el aval a hechos de corrupción en Honduras; la declaración de “fraude electoral” en Bolivia, desacreditada por varios estudios expertos; los daños a Paulo Abrão, a quien negó la renovación de su mandato en la CIDH; entre otras irregularidades. La legitimidad de la OEA está en cuestión y solo podrá reponerse con la pronta salida de Almagro.





