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Vida, pasión y asilo de Julian Assange

Ecuador ante el mundo

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Por Carlos Antonio Carrasco
/ agosto 26, 2012
en Animal Político

Que en noviembre de 2010 cuando un terremoto mediático sacudió el planeta y movió los cimientos del imperio más poderoso de la historia moderna. Ese desastre no fue causado por ninguno de sus potenciales enemigos, sino por el arma más pequeña y letal de todos los arsenales imaginables: un memory stick (USB) de cuatro centímetros de longitud, que contenía en 1,6 gigabytes 260 millones de palabras (261.276.536, para ser exactos) repartidas en 251.287 cablegramas sensibles intercambiados entre las 274 embajadas, consulados y misiones americanas con el Departamento de Estado. Y esa infidencia sería sólo el comienzo de la cacería informativa iniciada por un grupo no gubernamental denominado WikiLeaks, instaurado en Australia bajo la iniciativa de Julian Assange, ese activista de la libertad de expresión con ímpetu realmente antiestadounidense.

Quien se prestó para destapar el detonante fue el soldado Bradley Manning, que a sus 23 años reivindicó su condición de homosexual al revelar un coraje inédito al copiar bajo el disfraz de la música de Lady Gaga, vasta documentación clasificada recolectada durante 14 días de su red informática y remitida al australiano para su difusión mundial. Las causas de su deserción aún se ignoran y el oscuro mostrenco ahora purga una pena de por vida, incomunicado y sujeto a la ley marcial.

Entretanto, Assange, que distribuía metódicamente su precioso material en un viaje realizado a su cuartel escandinavo en Estocolmo, cosechando su fama, aceptó ingenuamente el hospedaje que le ofrecían dos admiradoras suecas, a quienes respectivamente les rindió sus servicios seductores. Las francachelas fraternas culminaron con el coito de rigor, a una sujetándola en posición dominante en la primera noche y a la otra, con quien ya compartía lecho, supuestamente la penetró mientras dormía y ¡oh pecado! ¡Y sin usar preservativo!!

Después de unos días, fue sorprendido por una citación policial, en la cual las dos amigas, por separado, lo culpaban de delitos sexuales tipificados en la legislación sueca.

Las víctimas, que no tenían las virtudes de la Madre Teresa de Calcuta, renegando el consentimiento previo otorgado a su ídolo ideológico, se convirtieron en feroces acusadoras. Ese tipo de reproches en la sociedad más permisiva de Europa ¡es como sorprender al diablo repartiendo escapularios en el Vaticano!

Mil peripecias legales llevaron a Assange a buscar refugio en el Reino Unido, para evitar que un proceso acelerado en Suecia culmine con su evicción hacia Estados Unidos, que presumiblemente le abriría cargos por espionaje y robo de información confidencial cuyo castigo podría contemplar la pena capital.

Al cabo de casi dos años de pleitos y apelaciones, la Corte Suprema de Justicia británica decidió su extradición a Suecia para que responda por los crímenes sexuales que se le reprochan. Pero, con toda razón, Assange intuyó que ése era sólo el tránsito para su entrega a Estados Unidos. Temiendo por su vida, tramitó y obtuvo asilo diplomático en la Embajada de  Ecuador ante el Reino Unido, el 29 de junio.

El gobierno de Rafael Correa —que justamente debido a una de las filtraciones de WikiLeaks declaró persona non grata a la embajadora americana en Quito Heather Hodges, a la que el 5 de abril de 2011 expulsó— tiene sobrados motivos para solidarizarse con Assange y luego de algunas dubitaciones concederle el albergue solicitado.

Sin embargo, las convenciones de asilo son instrumentos jurídicos típicamente latinoamericanos y el Reino Unido es ajeno a ellos, razón por la que en declaraciones expresas la Policía británica amenazó con irrumpir el local de la embajada para capturar al “fugitivo”.

Alarmado, el Gobierno ecuatoriano sublimó el caso y con apoyo de sus pares regionales hizo frente a las amenazas y decidió mantener su protección al cibercomunicador. El problema, ahora radica en que, si bien las autoridades británicas respetan la extraterritorialidad de las representaciones diplomáticas, tienen todo el derecho de apresar a Assange apenas éste ponga un pie en territorio inglés.

Muchos casos son paralelos a éste, como aquél de Víctor Raúl Haya de la Torre hospedado por cinco años en la Embajada de Colombia en Lima o el del cardenal Jozeph Mindszenty, abrigado en la Embajada de Estados Unidos en Budapest durante 15 años.

Sin embargo, si se desea realmente llevar al australiano hasta el Ecuador, se podría considerar la posibilidad de fabricar una valija diplomática, hecha a medida de Assange y transportarlo así hasta un avión ecuatoriano, sin que la Policía inglesa pueda interceptarlo, toda vez que la Convención de Viena garantiza la inviolabilidad de la valija y de los medios de transporte para ésta, sean automóviles, trenes, aeroplanos, barcos o bicicletas.

Otra salida podría ser conceder la nacionalidad ecuatoriana a Assange, y acreditarlo embajador de ese país ante Naciones Unidas o en la Unesco y de ese modo atribuirle expeditivamente la inmunidad diplomática, toda vez que esos nombramientos no requieren del agreement de estilo.

También se pensó en un helicóptero, pero el edificio donde se asienta el modesto apartamento de la embajada en Londres no reúne las condiciones necesarias. En tanto, al momento, la sede diplomática está circundada por cordones de policías que al contener desbordes ocasionados por los simpatizantes de Assange también cumplen la misión de vigilar que el asilado no se escurra subrepticiamente.

Así, el pequeño estado andino de 283.561 kilómetros cuadrados y 14 millones de habitantes ha saltado a la palestra de los conflictos mundiales, lo que se atribuye a la necesidad de Correa de mejorar su imagen internacional como abogado de la libertad de expresión, no obstante de que en casa tiene fricciones irresueltas con la prensa ecuatoriana, particularmente con el diario El Universo, al que, en estrados judiciales, le aplicó una millonaria multa por ofensas a su honra.

Por su parte, Estados Unidos rechaza las insinuaciones de que esté persiguiendo a Assange, pues hasta el momento no se han abierto cargos contra él y tampoco se ha pedido ni a Suecia ni al Reino Unido su extradición.

Sin embargo, el Washington Post ya advirtió que si continúa la actitud inamistosa de Correa, el Congreso estadounidense podría anular o restringir para el ejercicio fiscal de 2013 las facilidades arancelarias que otorga a Ecuador, que posibilitan el empleo de 400 mil ecuatorianos que quedarían desocupados.

En medio de este barullo, surge otra contradicción respecto al derecho de asilo, pues Bielorrusia reclama la extradición del indiciado Aliaksandr Barankov (30), exmilitar y bloguero, quien se refugió desde 2009 en Ecuador y es reclamado por Minsk por traición a la patria, pasible a la pena de muerte. En su visita a Quito, en junio, el dictador poco amigable Aleksandr Lukashenko solicitó esa presa cuya suerte está hoy en manos del presidente de la Corte Suprema.

Como en tiempos de la Guerra Fría, la opinión pública mundial está movilizada e intelectuales y cineastas como Michael Moore u Oliver Stone se han manifestado en favor de Ecuador. También es de hacer notar que el célebre abogado Baltasar Garzón, quien logró la extradición de Augusto Pinochet a Chile, esta vez asesora a Assange para evitar su entrega a Estados Unidos.

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