En la visita del papa Francisco a Ecuador, Bolivia y Paraguay, hace una semana, acaso la más “política” haya sido a Bolivia, en el sentido de que fue aquí donde se mostró de modo más abierto o directo el discurso social del Obispo de Roma. Y es que fue en Bolivia, en Santa Cruz de la Sierra, que el Pontífice participó del II Encuentro Mundial de Movimientos Populares; un escenario ideal para el debate social y político.
Esto se cruzó, además, con el hecho de que hace solo dos semanas y media en el Vaticano (Italia) fuera presentada al público la Encíclica papal Laudato si’ sobre el cuidado de la casa común, el documento medioambiental más reciente, y acaso más comprometido, del líder religioso argentino. Laudato si’ estaba como pan caliente.
De ahí se explica que el Santo Padre concluyera que su mayor mensaje en su visita a Bolivia haya sido “defender a la Madre Tierra”. Esta defensa, se sabe, implica todo un complejo de variables económicas, políticas, sociales, culturales y religiosas.
En el país del “proceso de cambio”, desde 2006, el Papa no ocultó su gusto por esta frase; aunque se apresuró a aclarar qué es lo que él entiende por el eslogan: el cambio, antes que el triunfo de tal o cual opción política, de la instauración de esta o aquella estructura social, para ser real debe apuntar directo al corazón: si no hay cambio de actitud, de cultura o de hábito, se puede decir que aquel cambio estructural tarde o temprano terminará fracasando.
También Francisco dejó en claro qué entiende por proceso: sembrar para que otros, los hijos y nietos, recojan los frutos; los verdaderos cambios llevan su tiempo. De aquí que el Pontífice sugirió algunas tareas para los movimientos populares: poner la economía al servicio de los pueblos; velar por la soberanía y la lucha anticolonial de las naciones, y defender a la Madre Tierra. Por esta razón, también se le ofrece un vistazo de la encíclica papal Laudato si’, mi’ Signore, Alabado seas, mi Señor.
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