Al final de todo, no resulta nada tedioso asistir a una discusión de primer nivel en la Asamblea Legislativa Plurinacional, sobre todo cuando uno o, mejor aún, varios de los parlamentarios se olvidan del guion que sustentan o como buen masista o el temerario opositor, y hace de las suyas para dejar imborrables e históricos lapsus. Ojalá y así fuera siempre para quienes seguimos a cada minuto los entredichos de los legisladores.
La aprobación de la ley de convocatoria para el referéndum constitucional fue una de las pocas jornadas extensas de esta legislatura. El cansancio, fatiga, aburrimiento, hambre, sed y otras necesidades más o menos complicadas, se conjugaban en el semblante de los diputados y senadores asistentes, hasta que por arte de magia una colega legisladora opositora saca del bolsillo el libreto de otra novela y cerca de la madrugada en voz alta afirma. “Unas palabras de Albert Einstein para ustedes (a los masistas), todo lo que sube, baja”. Al principio no hubo risas ni bromas, los pocos que se dieron cuenta decían “pero si es de Isaac Newton”.
La exhortación parecía más a uno de los enredos del famosísimo Chapulín Colorado que decía, “Ya lo dice el viejo y conocido refrán”. La fatiga y el cansancio también agotaron a la legisladora, fue víctima de críticas y los conocidos memes en las redes sociales, ella aseguró que fue un lapsus.
Y uno se pregunta si resulta divertido estos momentos que son contados. Quien escribe asegura que sí, porque los hubo en esos largos desvelos de 12, 14 y hasta 16 horas que transcurrieron en el Legislativo para aprobar por ejemplo el conjunto de leyes que permitirá la repostulación de los mandatarios.
El escenario fue ideal en esas jornadas. Los opositores, por ejemplo, estaban vestidos con poleras y portaban pancartas que obligaban que casi todo el tiempo estén con las manos levantadas; este esfuerzo les costó porque en varias oportunidades la presidencia masista que dirige el Legislativo aprovechó para contar esas manos opositoras mostrando el No, a favor de la aprobación de las leyes.
Ni el reclamo más airado lograba acallar las interrupciones de ambos bandos, solo cuando alguien gritaba en quechua o aymara invadía el silencio porque no había un traductor para el resto.






