En el futuro va a ser importante debatir este tema de las redes sociales. En algunos países, con mala información, tumban gobiernos, perjudican a su país, traen confrontación. No sé si alguna gente maneja (las redes) para enfrentar”, dijo el presidente Evo Morales tras conocer la victoria del No en el referéndum del 21 de febrero. Las redes son como un “recolector de basura”, por “la guerra sucia sin pruebas”, remató.
Estas declaraciones levantaron muchas críticas que se vieron precisamente en las redes sociales.
En la campaña para el referéndum (y en el conteo), se vieron posts tanto de crítica válida al gobierno de Morales como evidentes falsedades provenientes de cuentas dudosas y ciertas.
No hay contrastes en lo que insinuó el Presidente: lo que considera mentiras difundidas en las redes sociales afectó la votación, cuando voces opositoras a su vez destacaron como fundamental en la victoria el papel de las redes…
Pero, ¿qué son las redes? Son canales “libres, distribuidos y con capacidad de agendar temas en los medios, mantienen la conversación y la opinión de la gente, eso sí, también amparando excesos y distorsiones sin prueba, esto que se ha llamado ‘guerra sucia’. (…) (Pero también) son la expresión de una parte la sociedad”, señala el investigador en comunicación política, Pablo Andrés Rivero.
La ciberactivista Eliana Quiroz, por su parte, describe las redes como un “espacio de libertad”.
¿Cuál es el verdadero lugar de las redes sociales en Bolivia?, ¿es válido promover una regulación bajo la justificación de que hay usuarios que mienten, cuando la mentira invade todos los ámbitos de la comunicación humana, y es el receptor del mensaje quien debe filtrar el grano de la paja?; ¿en Bolivia, en verdad han tumbado algo, cuando los apretados resultados del referéndum parecen no ser proporcionales a la cantidad de posts por el No?; tal vez ¿la derrota habría ocurrido más por una insuficiente explicación de los últimos escándalos, que por la viralizaron de posts en redes, a veces muy distorsionantes, derivados de aquellos escándalos?
Para Rivero, las “plataformas sociales” en internet se han incorporado en el ecosistema de opinión, rumor, interacción, en sí, de comunicación política. Si bien son “recursos comunicacionales distribuidos”, en oposición a medios tradicionales “centralizados como la Tv o la radio”, aún no son masivos debido a temas de acceso. Además, están segmentados a favor de las urbes, la clase media y menores de 40 años, explica.
¿Pero cuales son los datos? Amaru Villanueva, investigador de temas de internet y sociedad, responde. Hasta febrero de 2016, se registraron 3,4 millones de cuentas de Facebook en Bolivia, de usuarios de 18 años para arriba. Excluyendo perfiles falsos, inactivos o duplicados, se aventura: cerca de la mitad del padrón electoral de 6,5 millones usa esa herramienta.
No obstante, para Rivero la llegada de las redes es parcelada, ya que son un medio de expresión de una parte de la sociedad y no está aislado de las dinámicas ni imaginarios sociales. “(Como) influencia directa sobre los votantes, hay que generar más evidencia. Si asumimos que menos del 30% de la población es activa en redes (y de ese porcentaje hay muchos menores de 18 años que no votan) descartaría un impacto masivo”.
El número, sin embargo, no deja de ser grande, “aunque perduren importantes brechas en uso y acceso”, argumenta Villanueva. La mayoría de los usuarios de Facebook en Bolivia se encuentra en áreas urbanas (“precisamente los votantes en que la tendencia hacia el No podría haber tenido mayor repercusión”), y corresponden a personas de ingresos medios y medios-altos. “Es impensable que las ‘redes sociales’ no hayan tenido un impacto considerable en las campañas”, coincide con la percepción, tanto de Morales como de varios opositores, que subrayaron la importancia de las redes en el referéndum constitucional.
¿Las redes, impactan por sí mismas? La ciberactivista Eliana Quiroz dice que por sí solas no lograrían eco. Se ha visto que aquello que circula en redes, si no es rebotado por los medios, no tiene impacto y no sobrepasa el círculo pequeño en el que uno puede influir. “Si tengo 5.000 contactos, máximo 1.000 leerán un post mío, porque los otros perfiles también tienen una cantidad de contactos y no todo sale en su muro. Es pequeña la capacidad de influencia en cantidad”. Es decir, que sin una caja de resonancia, el post no va a trascender, esa caja —afirma— son generalmente los medios o, a veces, una figura pública.
A la inversa, también hay una alimentación; por eso a veces son los medios los que hacen de las redes una fuente de información. “Puede ser desde la declaración de un político o una movida social. Es decir, las redes no pueden armar un revuelo sin la participación de los medios. No se mueven solas”, indica Quiroz.
A fin de cuentas (literalmente), el resultado del referéndum dio un margen estrecho al No. Entonces, achacar la derrota a las redes, como hace Morales, no sería del todo preciso.
La mentira no es privativa de estas herramientas comunicacionales. De hecho, Quiroz cuestiona que las mentiras también se dan en la vida off line, “donde uno tiene práctica para filtrar en qué se confía”. La diferencia con las redes es que “no tenemos práctica en identificar” qué es falso. “Circula mucha información que no es verdad y se puede identificar: uno sabe cuáles son los perfiles que no conoce y de los que hay que desconfiar y se puede cotejar con información de medios que por lo general filtran la información”.
En efecto, una gran cantidad de información que está no solo en redes, sino en la web en general es información si no falsa al menos dudosa.
Volviendo al referéndum, con base en un monitoreo de las principales páginas en Facebook (de ambos bandos) durante la campaña, la actividad en páginas asociadas con el No ha sido al menos tres veces mayor que las del Sí, precisa Villanueva.
De haber contado con tanto impacto, como dice Morales, el No habría tenido que aplastar al Sí en esa proporción (esto descartando que haya habido una manipulación del voto destinada a que el Sí pierda dignamente, aspecto que hoy está siendo mencionado en redes, sin pruebas de que haya habido tal fraude).
“La campaña por el No ha sobrepasado en redes a la campaña por el Sí por un amplio margen, pero los resultados electorales están bastante más cerca de lo que nos harían creer. Por eso, debemos ser cautos en extrapolar desde las redes las tendencias acerca de la sociedad en su sentido más amplio, mucho más en países como Bolivia donde, repito, existen todavía grandes brechas en uso y acceso”, argumenta Villanueva.
Tras la invitación de Morales al debate sobre la regulación en redes, ipso facto, los cocaleros se saltaron el paso principal de un debate (la presencia de distintos actores con diferentes posiciones) y anunciaron que trabajarán una ley de regulación de redes entre miembros de
la Coordinadora Nacional por el Cambio (Conalcam), o sea entre dirigentes del partido oficialista, muy posiblemente con una misma opinión al respecto.
Regular los contenidos en redes —apunta Rivero— implica una ingeniería legal compleja, identificar y asociar cada cuenta con la identidad de cada persona, por citar una tarea; en sí, veo pocas posibilidades técnicas y jurídicas” para hacerlo.
Villanueva coincide: “considero que regular las redes sería, en primer lugar, inviable sin un sistema de vigilancia masivo que atente contra la libertad de expresión y asociación garantizadas, no solo por nuestra propia Constitución, sino por una serie de tratados y convenciones a los que estamos sujetos como país.”
La pregunta de fondo para este investigador es si estos espacios digitales pueden ser regulados de forma que no se infrinja la privacidad, libertades de expresión, y (en algunos casos) el anonimato de los usuarios. Ningún país en el mundo ha encontrado aún una respuesta convincente a esta pregunta.
Es deseable que se regulen las redes sociales para aspectos útiles, como la prevención de actos criminales, la trata de personas o la extorsión; pero regular contenidos puede afectar la libertad de expresión y abrir una caja de Pandora.
(*) Ricardo Aguilar Agramont, es periodista de La Razón






