Una explicación de la derrota del Sí en el referéndum del 21 de febrero puede ser lo que el oficialismo llama la “guerra sucia” entablada por la oposición en las últimas semanas antes de la consulta, y la febril e “irrespetuosa” actividad opositora en las denominadas redes sociales. Puede ser.
Pero también puede ser que el partido de gobierno pagó el precio de ciertas tendencias que se habían venido asentando en su interior desde hace un buen tiempo.
Es peculiar que tres analistas consultados por Animal Político coincidieran en que hay razones más de fondo para el triunfo del No en la consulta de la anterior semana. “En lugar de un partido de bases movilizadas, el MAS se transformó en un partido de hombres de Estado y electores”, apuntó el antropólogo social Salvador Schavelzon. “¿Por qué el descenso de votos? En lo interno (porque) el aparato estatal reemplazó al aparato orgánico del instrumento; hubo mucha presencia del aparato estatal y eso fue un bumerán”, señaló la politóloga cruceña Helena Argirakis. El sociólogo Jorge Komadina añadió cómo podría recuperarse el MAS del golpe: proyectarse con nuevos líderes “que no provengan de la administración gubernamental, sino de la sociedad”.
Además, en la visión crítica también participan sectores y personalidades del MAS: “En los lugares donde ha habido más presencia orgánica y no tanto estatal, el resultado de la votación ha sido bueno; en cambio, donde hubo un intento de desembarco estatal sin acompañamiento orgánico, (el primero) se ha perdido”, reconoció el diputado Manuel Canelas. Por si fuera poco, fueron las propias organizaciones las que también reclamaron. “Las organizaciones sociales nos hemos sentido relegadas por el rol que teníamos (que) jugar (en la campaña) y en ese momento se formaron las comisiones especiales encabezadas por ministros y senadores, y eso ha dificultado el trabajo”, declaró Juan Alfaro, secretario de Tierra y Territorio de los Interculturales.






