Sin perder contacto con Madrid, que se prepara para elegir a autoridades municipales en las que este diputado español prevé terciar, Errejón conversó con Animal Político; lo hizo durante la primera semana de abril, poco antes de ofrecer una charla junto al vicepresidente Álvaro García Linera sobre el desarrollo y los valores de la categoría política del populismo.
— ¿Qué reflexiones le traen en esta ocasión a Bolivia?
— En la década del 2000 se generalizó el término populismo para describir a los movimientos políticos de América Latina. Se entendió que solo era un movimiento latinoamericano, pero hoy se reconoce que no se puede entender sin ese concepto el brexit o la ascensión al poder de Donald Trump (Estados Unidos) (…), pero tampoco la irrupción de Podemos en la política española. Es pues necesario enfrentarnos a ese término, que se ha vaciado, tanto que sirve para catalogar a actores tan diferentes solo con el afán de denigrarlos.
— Es despectivo…
— Pero en esa voluntad despectiva hay, sin embargo, una verdad que es que en todas partes está emergiendo la idea de que vivimos en sociedades más organizadas y más seguras cuando existe una idea de comunidad, de soberanía popular; esa idea fue rota por teorías y prácticas de carácter neoliberal que nos dijeron que cuantas menos normas hubieran; cuantas menos instituciones, esas sociedades iban a ser más prósperas, pero eso produjo una masiva desinstitucionalización, saqueo de recursos naturales y empobrecimiento (…). Ante esto, urge un nuevo contrato social que solo puede hacer la gente sencilla, aquellos que no tienen privilegios, pues el pueblo reaparece como actor político, para restablecer las reglas que fueron rotas por la avaricia de los de arriba.
— ¿Diferencias entre populismo y movimientos populares?
— El término populismo me parece fértil para el análisis político, pero inútil para la práctica y los movimientos populares; en cambio, son los que entienden que, además de la queja concreta, quieren construir algún vínculo que vaya articulando todas las quejas de la sociedad, la alternativa y las posibilidades de un nuevo país con mejor redistribución de la riqueza y servicios básicos de calidad. No pelean solo por lo suyo (…). Es tiempo que nosotros, los progresistas, le disputemos a los conservadores la idea del orden, frente al desorden y la desinstitucionalización que trajo el neoliberalismo.
— Aterrizando en América Latina, ¿qué análisis hace usted de estos movimientos en un contexto político de reacomodo de fuerzas que no favorece a las izquierdas ni al progresismo?
— Se ha dicho en muchas ocasiones que estamos frente a una restauración conservadora (…). Eso ha pasado porque hay libertad, pero eso exigiría una crítica a aquellos que se pasaron una década diciendo que no había libertad; pues existen garantías y pluralismo. Ahora bien, en mi opinión, América Latina ha vivido una excepción histórica que ha permitido, en 10 años, sacar a millones de personas de la pobreza y fortalecer las economías de todos esos países y lo que hay que preguntarse es: ¿qué puede quedar en pie después de la alternancia electoral cuando llegan actores de signo conservador a Brasil, Argentina y Ecuador, donde sin cambiar de partido se cambiaron las políticas?
— ¿Y aquí?
— Esta no es una discusión de ideas abstractas, pues tiene que ver con cambios concretos como el teleférico, pues dificultó la segmentación de la ciudad sea por origen étnico, entre otras diferencias. Esto es irreversible, pues la ciudad se ha democratizado para siempre. Así, el desafío pasa por hacer transformaciones más duraderas que los gobiernos (…), para que quien venga tenga que respetar lo que ya está hecho. Hay que esforzarnos en pensar cómo hacemos irreversibles algunas transformaciones sociales y democráticas que han hecho a muchos países de más justos.
— Obras aparte, también está el debate discursivo, por ejemplo el asunto del racismo que en Bolivia aún se nota. ¿Cómo ha visto este fenómeno?
— Se ha visto resurgir en algunas protestas estos discursos en Bolivia; sin embargo, claramente son minoritarios. En Bolivia, quien sea racista y quiera construir un proyecto político, no puede decirlo. Eso es una victoria cultural (…); iguales en derechos, diferentes en identidades. Esto ha hecho que Bolivia sea un país más unido.
— ¿Qué perspectivas advierte usted que tienen estos movimientos populistas, tanto en Bolivia como en la región, precisamente, a partir del reto que acaba de mencionar?
— Lo que tienen que hacer las fuerzas populares es no seguir hablando a sus sectores, a sus bases, como lo eran hace 10 años, sino como lo que son hoy. No se pueden basar las expectativas políticas en la creencia de que la gente va a estar permanentemente movilizada; en otras palabras, el éxito radica en construir la normalidad.
— Una amenaza a esta normalidad parece ser la corrupción, como el caso Odebrecht.
— No conozco ese caso a detalle, pero la corrupción debe ser un fenómeno que debe ser combatido desde la perspectiva política y no moral. No es un tema que tenga que ver con gente mala, que un día se porte mal y que saque dinero de la caja. Es un problema político, porque hace que la gente que más dinero tiene logre que las decisiones se hagan a su favor. Este es un fenómeno que debilita a las sociedades, debilita su confianza; debilita la democracias y las empobrece. Hay que combatirla desde las instituciones.
— ¿Ve tensiones respecto a la posibilidad de que Evo Morales sea reelegido?
— Las hay y las ha habido. Es una discusión en marcha y no sé lo que pasará en la siguiente elección. Antes venía a Bolivia como investigador, ahora que soy diputado tengo que ser cuidadoso, pero puedo decir que todos los liderazgos fuertes, no solo en Bolivia, tienen horizontes biológicos y la necesidad de construir cuadros (…). Ese es un momento crucial para la renovación y el fortalecimiento de los procesos de cambio. Los movimientos populares tienen que estar listos para estos desafíos.
No se justifica la visa de Europa para Bolivia
El diputado español reconoce que su partido, el izquierdista Podemos, considera que el visado exigido por Europa no debería aplicarse en las actuales condiciones de desarrollo que tiene el país.
— ¿Entre Podemos y el MAS promueve quizá alguna línea de cooperación institucional?
— Somos una fuerza que representa a cinco millones de españoles, con el 20% del voto, pero no somos gobierno y la mayoría en el Parlamento español está muy atrapada por el funcionamiento del Gobierno (….). Nuestra iniciativa para promover cuestiones de política exterior es muy reducida. Además, tenemos suficientes retos en España como para preocuparnos primero de las cuestiones nacionales.
— ¿Que opina sobre el pedido de Bolivia a la Unión Europea para que se levante la exigencia de visa?
— Sería bueno que los países sinceraran sus relaciones, porque a mí no me pidieron visa para venir y no veo razones para que se la pidan a usted si decide viajar a España, porque además la situación migratoria ha cambiado. Debido a la crisis en España, hay muchos miles de bolivianos que han regresado, así que no tiene sentido mantener un tipo de medidas que solo se justificaban —si se justificaban porque tengo muchas dudas— en momentos muy excepcionales. Así que no veo razones para que se puedan mantener esas medidas.
— ¿Qué pasa con las demandas autonómicas que hay en España?
— Hay un bloqueo en Cataluña que no puede conseguir la independencia y el Gobierno no puede lograr mayoría en Cataluña y eso solo se resuelve con el diálogo. Nosotros queremos una España en la que quepa todo el mundo; diversos pero juntos, y ese es el modelo que nosotros defendemos.
Pérfil:
Íñigo Errejón Galván llegó a Bolivia por segunda ocasión, aunque esta vez lo hizo como diputado de su país para comentar A contracorriente: materiales para una teoría renovada del populismo, un libro de un colectivo de intelectuales sobre el populismo y los movimientos populares.
Nació: Madrid, 14 de diciembre de 1983. Profesión: Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid. Ocupación: Diputado y dirigente de Podemos
Estratega de Podemos, el izquierdista partido español dirigido por Pablo Iglesias. Fue elegido diputado por Madrid y es crítico de la actual gestión autonómica de esa ciudad.






