Entre 2010 y 2011, una ola de protestas sociales y políticas estalló en varios países de Oriente Medio con demandas de mayor inclusión y democracia. El fenómeno, conocido como la Primavera Árabe, no terminó de florecer y derivó en un oscuro invierno que hoy afecta especialmente a Siria, un país aliado de Rusia que fue bombardeado hace una semana por Estados Unidos y sus aliados europeos.
¿Qué intereses motivan un conflicto tan prolongado? Para comprender este complejo fenómeno de alcance global, Animal Político conversó con dos analistas, un experto nacional y otro extranjero, además de Sacha Llorenti, embajador de Bolivia en la Organización de Naciones Unidas (ONU) y representante del país en el Consejo de Seguridad, el ente rector de la entidad.
Desde perspectivas distintas, los tres coinciden en que la pugna por el control geoestratégico de Oriente Medio —exacerbado por acusaciones sobre el uso de armas químicas y el reciente ataque militar a Siria—, que pretende el dominio sobre las rutas del gas y armamento, ha provocado una suerte de “guerra subsidiaria” en la que básicamente se miden Estados Unidos y Rusia.
“El origen del conflicto se da con la decisión de Estados Unidos, hace ya más de siete años, de derrocar al gobierno de Bashar al-Ásad y para ello despliega operaciones encubiertas de la CIA y financiamiento a varios grupos en el marco de lo que se denominó la Primavera Árabe. Esto produjo una fractura en la sociedad y en el Ejército sirio. Se inicia lo que en términos clásicos sería una guerra civil, pero es en realidad una guerra con intereses foráneos (…) que quieren controlar una zona estratégica de Medio Oriente”, aseguró Llorenti durante una conversación con esta redacción.
Para Franklin Pareja, politólogo boliviano, docente universitario y autor de varios ensayos sobre política internacional, “el conflicto bélico es una parte de un complejo sistema de intereses en los cuales convergen muchas potencias mundiales. Estamos hablando de Rusia, Estados Unidos y también Europa. El punto central de esto radica en dos cosas: el acceso a los recursos naturales y la ubicación geoestratégica (de Siria) a la que aspiran las potencias militares para tener una potencia en la región. Con presencia militar se resguardan los recursos y con recursos se justifica la presencia militar y como se puede ver, ninguna de las dos cosas van disociadas”.
Siria posee una costa soberana en el mar Mediterráneo frente a Chipre, Turquía y varias naciones de Europa. Hacia oriente, el país está conectado con naciones productoras de petróleo y gas que no están plenamente bajo control de las grandes empresas petroleras de alcance global. “¿Cuál es la razón fundamental para la importancia de Siria? No propiamente los recursos naturales, sino el tránsito del gas y del petróleo que va de Irán, pasando por Irak y que podría salir por las costas de Siria hacia Europa. Esto afectaría notablemente los intereses de algunas transnacionales, particularmente norteamericanas que apoyan la presencia militar de su país en Arabia Saudita y Qatar”, remarca el politólogo, también en un contacto con Animal Político.
De hecho, el territorio sirio y el de otras naciones de Oriente Medio fue apetecido durante varios procesos históricos y también durante la Guerra Fría, que fue una consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos logró alianzas fuertes con Israel, mientras que Rusia se ha mantenido como leal aliado de Siria; es así que esta potencia tiene una base militar en Tartús, en la costa mediterránea. Pareja afirma que este juego de intereses perduró incluso tras la caída de la Unión Soviética, por la naturaleza material de los intereses que se disputan allí.
Es en este contexto de tensión permanente que en 2011 estalló la llamada Primavera Árabe, pero que al final no avanzó a la democratización de los países de esa región y en otros casos provocó un estado de caos. En Egipto gobierna el general Abdulfatah al Sisi, en Baréin sigue en el trono la dinastía de al Jalifa. En Libia, tras el derrocamiento de Muamar Gadafi, reina el caos, mientras que Siria se desangra por efecto de un conflicto interno y de orden político (hoy con injerencia foránea) que no halla solución. Según cálculos de la ONU, esa guerra cobró la vida de más de 400.000 personas y desplazó de sus hogares a más de la mitad de los 21 millones de sirios, muchos de ellos lograron huir a países europeos.
Bombardeo. Mientras Estados Unidos apoya a los grupos opositores al gobierno de Al-Ásad, Rusia junto a Irán respaldan esa administración. En medio, los grupos radicales como el Estado Islámico (EI) controlan varias zonas de Siria y han desatado “una guerra en medio de una guerra”.
Francia, Inglaterra y Estados Unidos aseguran que Siria lanzó un ataque con armas químicas en Douma, un poblado cercano a la capital siria de
Damasco en momentos en los que Bashar al-Ásad, siempre con el apoyo ruso, toma control de más bastiones que estaban en manos de los rebeldes. Esta fue la motivación del reciente ataque a Siria que ejecutó Estados Unidos y que genera dudas, especialmente porque se pasó por alto el mandato del Consejo de Seguridad y de resultados de la Organización de Naciones Unidas contra las Amas Químicas (OPAQ).
“Suele ocurrir que las operaciones bélicas son encubiertas con altisonantes justificaciones éticas. En este caso se trataría de trazar una línea roja frente al empleo de armas químicas. Pero la argumentación es poco convincente, puesto que las mismas naciones que hoy impugnan los gases tóxicos los toleraron cuando Irak los descargó contra Irán en la guerra que libraron entre 1980-1988”, cuestiona el sociólogo chileno Raúl Sohr en un contacto con esta redacción. El especialista es autor del texto El mundo y sus guerras (2004).
“Estados Unidos ve al multilateralismo y al propio Consejo de Seguridad, que cuando lo necesita lo exprime al máximo, pero cuando ya no le sirve, usa actitudes unilaterales”, remarca el representante boliviano ante el ente rector de la ONU.
“Hay una batalla narrativa en la que va a ser muy difícil, como en todos estos casos, establecer exactamente qué ocurrió. Los rusos se van a mantener en su postura de que esto fue una provocación, y ellos dicen que montada por los británicos; Occidente va a decir, ¿por qué no nos dejaron entrar inmediatamente cuando llegaron los inspectores?”, apunta Sohr, mientras Llorenti asegura que esa comisión ingresó el martes, luego del ataque aliado y con las garantías de Siria.
Donald Trump afirma que el ataque fue una advertencia y que devastó la capacidad siria sobre las supuestas armas químicas. Pero, el ensayo bélico acrecentó la tensión y las posibilidades de una salida política a esta guerra aún son lejanas. “La única salida es política y debe salir de los sirios para los sirios”, complementa Llorenti.






