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Intelectuales orgánicos y la patria

Un sector de la clase media que vive de su conocimiento crea una visión pesimista de la coyuntura.

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Por Danilo Paz Ballivián es sociólogo
/ mayo 24, 2018
en Animal Político

La sociología observa los hechos como son, no como deberían ser, esto la separa de otras disciplinas tal vez más abstractas y críticas como la filosofía y las ciencias políticas. La sociología no puede plantearse cuestiones como: ¿qué habría sido de Bolivia si Carlos D. Mesa respondía patrióticamente a la agenda de Octubre Negro? o ¿qué habría sido del MAS sin los altos precios de las materias primas?, en fin, ¿en qué situación política nos encontraríamos sino se habría realizado el 21 F? Este tipo de consideraciones son una suerte de ficción retrospectiva, en la acepción de Augusto Céspedes serían simplemente “metafísica”.

Este principio tan elemental de referirse a los hechos como son es transgredido con mucha frecuencia en las charlas coloquiales de café, en las reuniones informales y está presente subliminalmente en la broma viral, tan común de nuestro tiempo. En estas circunstancias, digamos que la “metafísica” es inofensiva y espontánea, pero es ofensiva y premeditada cuando se la emplea en el análisis económico, social y político pretendidamente objetivo.

Estamos acostumbrados a los análisis que indican, por ejemplo, que estaríamos mejor si los grandes recursos dispuestos durante más de una década hubieran sido utilizados preferentemente en salud y educación, que con una mejor distribución de los recursos a los niveles autonómicos se podría haber logrado un desarrollo económico y social más evidente, que la estabilidad del cambio monetario perjudica a las exportaciones, en fin, que debía privilegiarse el uso de mano de obra más que el capital para disminuir el desempleo. Este tipo de discurso alude explícitamente al deber ser, que invisibiliza los logros alcanzados por el Proceso y es “metafísico” en la medida en que parte de la ficción subconsciente de modificar el pasado, cuando todo indica que solo puede cambiarse el presente y el futuro.

En realidad un sector de la clase media que vive de su conocimiento (muy distinta de la pequeña burguesía que vive de su economía) va creando una visión pesimista de la coyuntura, que registra solo lo negativo del Proceso, creando mediáticamente una posverdad “metafísica”, que por la insistencia de su divulgación quiere cambiar la correlación de fuerzas, para retornar a su posición privilegiada de operadores políticos perdida hace más de una década. Lo que vale para este pequeño sector vale también para los partidos de la oposición, que solo añoran volver a la democracia pactada y al modelo liberal de la economía.

A esta altura del conocimiento, ya es posible comprender que el capitalismo es universal y subordina a formas de producción económica anteriores, e incluso posteriores. En realidad, las refuncionaliza para sus propios intereses de reproducción. Lo difícil es entender cómo opera este principio a nivel superestructural e ideológico en los países de capitalismo atrasado como el nuestro. En este terreno lo que más sorprende es que valores universales como los de preservación del medio ambiente, equidad de género, lucha contra la corrupción, defensa de los derechos de los pueblos indígenas, lucha por la libertad de prensa, ciudadanía plena y democracia son también refuncionalizados de acuerdo con los intereses del capitalismo posmoderno y de la era de la comunicación.

Ciertamente nadie puede defender o justificar, por ejemplo, el armamentismo nuclear, la corrupción, el narcotráfico, el terrorismo o la privación de libertad de prensa, la destrucción del medio ambiente, la discriminación, la inequidad de género y conculcar los derechos democráticos; sin embargo, la hegemonía del poder capitalista actual transforma, refuncionaliza y utiliza estos principios, valores y normas en función de sus intereses de reproducción global del capitalismo.

Precisamente, la lucha contra el terrorismo, contra el narcotráfico y la defensa de la democracia sirvieron y sirven para debilitar y, en sus casos, liquidar procesos rebeldes, progresistas y de liberación nacional. Ya nadie duda que las guerras, batallas y golpes de Estado de las últimas décadas en Medio Oriente, en última instancia, persiguen conservar y garantizar el monopolio mundial de la cadena de producción del petróleo.

En la coyuntura boliviana actual, los problemas de debate son sin duda los relativos a los resultados del 21 F, las relaciones internacionales de Bolivia con Chile, Venezuela, Cuba, China, Rusia, etcétera, y el de la corrupción pública. Al respecto, otra vez algunos miembros de la clase media que viven de su conocimiento y especialidades (políticos, profesionales, comunicadores, universitarios, etcétera) realizan observaciones, críticas, diagnósticos y propuestas de solución sobre estas cuestiones, excluyendo del análisis el poder e intereses del capitalismo a escala mundial.

De esta manera, los partidos políticos, las agrupaciones ciudadanas de oposición y algunos operadores de la clase media que viven de sus conocimientos y especialidades crean un discurso crítico al Proceso de Cambio, que da cuenta solo de los problemas económicos, sociales y políticos, con la esperanza de que la sociedad concluya por sí misma que el modelo liberal y la democracia pactada son preferibles. Esto quiere decir que en una coyuntura determinada como la actual, un grupo de profesionales se transforma, consciente o inconscientemente, en “intelectuales orgánicos” de la antipatria, que febrilmente va creando esa posverdad “metafísica”. Posverdad que abstrae, aísla del análisis el hecho irrefutable del uso de estos principios para liquidar procesos contestatarios nacionales y populares.

Está claro que el cambio revolucionario solo puede venir desde dentro del Proceso y el Gobierno. Ya se nacionalizaron los hidrocarburos y su industrialización, Entel, la lucha contra el narcotráfico, la demanda marítima; toca pues nacionalizar la defensa de la democracia, la lucha contra la corrupción, contra el contrabando y defender y fortalecer la pequeña y mediana industria, la economía campesina, y crear empresas sociales con los movimientos sociales y los “intelectuales orgánicos” de la patria.

en tendencia: IntelectualesorganicosPatria

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