Falso. Fake news. #FakeNews. Esa habría sido la etiqueta adecuada para presentar la nota sobre el hallazgo de restos óseos en una hacienda de Santa Cruz, que al final no resultaron ser ni el cráneo de Marcelo Quiroga Santa Cruz ni la ñatita de Hugo Banzer. El sensacionalismo vende. Esa premisa permitió grandes tirajes, sobre todo a periódicos de crónica roja en el pasado reciente. Más funesta, sin embargo, resulta la corriente de las noticias falsas, las fake news, que vendrían a ser las primas o hermanastras del sensacionalismo, y que pueden llegar a los medios de prensa más “serios”.
Con la ayuda de las nuevas tecnologías, las fake news pueden generar mayor interacción y gozar de alcance sin límites. Y a veces basta un titular, como el referido al supuesto hallazgo de restos pertenecientes al líder socialista, por el solo hecho de que “estaban” en una hacienda de Hugo Banzer Suárez.
Habría sido prudente contrastar la información inicial con los familiares de Quiroga Santa Cruz, el mismo Fiscal General o el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y evitarnos titulares que dieron por válidas las declaraciones de un representante del Ministerio Público.
Cierto, el hecho de citar la fuente libra de alguna responsabilidad a los medios de prensa y redes sociales que afirmaban que los antropólogos forenses habían encontrado un cráneo con orificio de bala y que éste sería sometido a pericias de ADN, a fin de establecer si eran del líder socialista asesinado al empezar la dictadura de Luis García Meza (julio de 1980) y cuyo cuerpo no fue encontrado a la fecha.
“El fiscal superior Gilberth Muñoz informó desde Sucre que las muestras serán comparadas con familiares de Quiroga Santa Cruz y que los resultados estarán listos las próximas semanas”, referían los cables de noticias. Algunos medios ni citaron los cables, sino directamente al sujeto, sin dudar, tal vez porque estuvo al frente de una Fiscalía departamental o en un cargo intermedio entre la Fiscalía General y las representaciones departamentales del Ministerio Público.
Pero después nada. Muñoz no volvió a hablar, ni siquiera para desmentir el supuesto hallazgo; lo que sí hizo el Instituto de Investigaciones Forenses (IDIF) a través de su director, Gustavo Lima, quien aseguró que no se hallaron restos óseos en la hacienda de Banzer, en San Javier, sino que se trataba de la apertura de una caja con restos que se entregó a la familia y que data de 1980.
Los avances de la ciencia permitirían en nuestros tiempos nuevos estudios para determinar si esa urna que recibió la hermana de Marcelo Quiroga Santa Cruz conservan o no los restos tan buscados. Mayores certezas no hay.
Lo cierto es que no había tal cráneo, ni siquiera una ñatita en la propiedad del dictador de los años 70, pero hubo medios de prensa que incluso hicieron circular fotografías del lugar donde habrían encontrado la calavera.
Más allá de hablarse de un crimen perfecto, en el que no se da con los restos de la víctima hasta ahora, quizá sea más prudente referirse a declaraciones irresponsables y peor aún, de una investigación imperfecta, a sabiendas de que incluso en tiempos con menos recursos científicos se llegó a esclarecer crímenes políticos.
Hace un siglo, por ejemplo, se tenía el caso de la muerte del general José Manuel Pando (julio de 1917). En la investigación del proceso salió a relucir que en el abrigo del general, en la tela del forro, encontraron la huella de pie de un hombre, formada de sustancia terrosa de tono amarillo pálido; las dimensiones de dicha huella coincidían con la planta de un indígena de apellido Calle y el color de la tierra era igual a la de El Kenko, la zona donde encontraron el cadáver.
“Se supuso que Calle participó (del crimen) cuando bajaron el cuerpo de Pando al barranco y por descuido pisó involuntariamente
el abrigo del general y por la humedad del terreno o por el sudor de sus pies quedó la huella que sirvió como un importante indicio” (Peñaranda Barrientos, Ángel. Verdades que parecen mentiras,
Gisbert & Cia SA, 1982).
A un año de la muerte de Pando, en junio de 1918, Abel Iturralde recibió una carta que señalaba el nombre del “verdadero autor” del crimen; pero se consideró que solo trataba de desviar la investigación. Victimarios o cómplices también hicieron aparecer distintos lugares donde hubiesen asesinado al general, colocando sangre de animales y otros elementos que serían examinados para demostrar que solo fueron sembrados por quienes no estaban interesados en el esclarecimiento del caso.
Paradojas. Un sordomudo de nacimiento fue testigo clave en el proceso. Con gestos y ademanes dio detalles sobre el crimen. Y si de otros casos que involucran a políticos se trata, se podría citar el atentado contra Belzu —a 20 días de su investidura como Presidente— y así otras verdades que parecen mentiras.






