Algunos sectores observan la implementación del Sistema Único de Salud universal y gratuito argumentando que padece de debilidades en infraestructura, equipamiento y recursos humanos. Ante esto, el Ministerio de Salud demostró que a la fecha hubo avances importantes y proyecciones de subsanar dichas debilidades, fortaleciendo los servicios críticos para el SUS: hospitales de Segundo y Tercer nivel, plan de hospitales, dotación de 8.000 ítems, Mi Salud, Tele Salud y otros.
Entre los temas más sobresalientes de esta discusión está sin duda el del financiamiento.
El gasto per cápita en salud es el valor promedio por persona, de la suma de gastos en bienes y servicios por el cuidado de la salud en un periodo de tiempo dado, usualmente un año (en este caso per cápita para reponer los medicamentos, insumos y material fungible utilizados en las prestaciones y/o productos en salud). Esta variable muestra con claridad el nivel de inversión en términos absolutos, además de que permite ver cuál es el gasto total en salud de un país y cuánto de esto proviene del Gobierno. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que para garantizar las mínimas condiciones en el área se debería dedicar entre $us 35 y 50 por persona al año.
En la línea 3 de la estrategia de la OPS se propone “aumentar y mejorar el financiamiento, con equidad y eficiencia, y avanzar hacia la eliminación del pago directo que se convierte en barrera para el acceso en el momento de la prestación de servicios”. De ello se derivan tres líneas de acción interrelacionadas: a) aumentar la protección financiera eliminando el pago directo, que representa una barrera para el acceso a la salud; b) aumentar el Gasto Público en Salud hasta el nivel de referencia del 6% del PIB; y, c) aumentar la eficiencia en el sistema de salud mediante acciones que impacten específicamente en su financiamiento y organización.
Por la complejidad del caso, es comprensible que se manejen datos o cifras diferentes incluso al interior de una misma organización: cuando el Colegio Médico de Bolivia en Cochabamba indicó que había necesidad $us 1.000 millones para implementar el SUS, el Colegio de La Paz habla de más de $us 2.000 millones; remarcando ambos, sin embargo, que los $us 200 millones asignados por el gobierno nacional son insuficientes.
Para analizar estas posturas debemos partir de que ningún presupuesto financiero en salud es suficiente, siempre habrá una brecha en el tema económico. Para ello, es importante recordar las tres acciones recomendadas por la OPS.
Con estas referencias de organismos internacionales, sugerimos un ejercicio de análisis económico financiero de las experiencias en dos departamentos, como es el SUSAT (Seguro Universal de Salud Autónomo de Tarija), creado para dar salud gratuita a quienes no cuentan con otro seguro y viven en el departamento de Tarija; al igual que el Programa de Protección Social en Salud Más Salud Más Vida, en Chuquisaca.
En 2018, el presupuesto del SUSAT fue alrededor de Bs 25 millones, para dar cobertura a 377.229 personas afiliadas, lo que corresponde a Bs 66,27 o $us 9,5 per cápita. En la misma gestión, el presupuesto de Más Salud Más Vida fue de Bs 22 millones para atender a 300.000 chuquisaqueños entre 5 y 59 años de edad; es decir, Bs 73,33 o $us 10,5 per cápita.
Ahora, sabiendo que el presupuesto planteado por el Gobierno para implementar el SUS en la gestión 2019 es de $us 200 millones para 5.595.547 bolivianos que no cuentan con ningún seguro de salud, esto significa Bs 248,7 o $us 35,7 per cápita. Podemos concluir que el presupuesto asignado al SUS para 2019 es tres veces superior a los seguros implementados en Tarija y Chuquisaca.
Así, se concluye en que el presupuesto inicial de $us 200 millones para el SUS es razonable y significativo, además la concurrencia de los gobiernos subnacionales, especialmente los gobiernos municipales, que continuarán aportando con el 15,5% de su coparticipación tributaria para la población objetivo de la Ley 475. Por lo que el debate sesgado y teórico sobre el financiamiento del SUS debe tomarse como la oportunidad histórica que no se presentó en más de 180 años de vida republicana y que probablemente no se presente en el futuro inmediato. Por ello, el SUS debe ser tomado en cuenta como un factor de cohesión social, e impulsarlo por ser un anhelo y sueño del pueblo boliviano, especialmente de los sectores más desprotegidos.






