En el Animal Político de la anterior semana, al analizar los posibles escenarios de gobernabilidad que saldrían de las elecciones generales del 20 de octubre, una de las advertencias que hacían los estudiosos era que mucho del desarrollo de los acontecimientos posteriores —lo que precisamente se vive hoy día— iba a depender de cómo finalmente la gente tomaba los resultados de los comicios. El expositor del estudio Entre el riesgo y la incertidumbre, el sociólogo Fernando Mayorga decía que si hay o no un buen escenario de gobernabilidad, “esto depende de que se reconozcan los resultados y que haya transparencia en la fase final del proceso electoral, y por lo tanto, no se cuestione la legitimidad de origen del Presidente”.
Pues bien, con la enorme expectativa que había sobre los resultados (con base en las encuestas, que predecían Evo Morales ganador, pero no por mucho) no pudo haberse dado mayor desatino administrativo por parte del Órgano Electoral que interrumpir la difusión del cómputo del sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP) y nada menos que por casi 24 horas.
Aquí llama la atención el sociólogo Juan Carlos Pinto, cercano al Gobierno, quien recuerda que en el contrato con Neotec (la empresa encargada del TREP) se estableció que “el TREP iba a funcionar hasta entregar el 80% de los resultados, se iba a dar cierta certeza hasta el 80%”; después iba a empezar el cómputo oficial, con el conteo físico de las actas.
DESATINO. Pero he aquí el desatino: “Cuando se llegó al 83%, se dijo ‘se va a interrumpir’, se cumplió con eso, pero no se tuvo en cuenta el contexto político que estábamos viviendo, el que presionaba para que los resultados se siguieran arrojando. Fue una absoluta falta de apreciación del momento político, se interrumpió y generó una total desconfianza sobre esa decisión que se estaba tomando”, dice. Encima, vino el fatal silencio del TSE. “Esto se pudo advertir, pero la política comunicacional de la institución (TSE) ha sido un absurdo total, no se ha informado nada, se ha procedido en silencio, por eso se ha generado mayores susceptibilidades en ese contexto”. En el país se instaló una auténtica crisis de confianza.
Como se supo después —al menos es la única versión con la que hasta ahora se cuenta— la determinación fue asumida sin el consentimiento del propio vicepresidente del TSE, el vocal gestor de dicho sistema, el ingeniero Antonio Costas; quien, por lo demás, se fue asegurando que, con todo, los resultados que dio el TREP “son correctos”.
Para la oposición, en cambio, ya no había vuelta que dar. Paralizando el TREP, por las razones que fuere, se hizo perder sentido a un mecanismo que precisamente había sido creado para dar certidumbre a la ciudadanía en el día de la elección: saber el resultado preliminar. El conteo rápido, destaca José Luis Bedregal, candidato a diputado por CC, “es un mecanismo que no es para saciar la curiosidad de los políticos, es un mecanismo que en el mundo se utiliza para garantizar la transparencia de un proceso”.
Claro, si bien, según Bedregal, esa misma noche se reclamó al TSE sobre el ‘congelamiento’ del TREP, lo que en verdad instaló la desconfianza y disparó la crisis fue el cambio del resultado de Evo Morales con 7,58 puntos porcentuales sobre Carlos Mesa el domingo, cierto, al 83% del conteo, a 10,14 puntos el lunes, al 95% del registro rápido.
El TREP del domingo, guste o no, sentaba la idea de la segunda vuelta; en lo político era una práctica victoria de Carlos Mesa y una derrota de Evo Morales. De ahí que el primero en salir al festejo haya sido Mesa. Ese día, destaca el sociólogo Mayorga, “Carlos Mesa, despliega una estrategia discursiva orientada a exigir la realización de una segunda vuelta respaldándose en datos del conteo rápido. Su objetivo era instalar la idea de ‘segunda vuelta o fraude’”. Pero también ese día, una hora después, el Presidente marca la línea: “el MAS ha obtenido mayoría en las dos cámaras y que solo resta esperar el recuento definitivo para asegurar su victoria porque confía en el voto rural. Su objetivo era instalar la idea de victoria en primera vuelta definida por el apoyo campesino e indígena”.
ESTRATEGIA. Para el sociólogo Pinto, si bien el desatino del TSE de suspender la actualización del TREP precipitó las cosas, la radicalización que vino después solo fue la continuación de un plan opositor: “Su plan era justamente desconocer el proceso, porque partían de la superioridad del oficialismo en el contexto electoral; esta suposición les llevaba a decir ‘vamos a ver hasta dónde podemos llegar’, pero en última instancia estará la ilegitimidad y el desconocimiento electoral. La oposición estaba en un contexto de complot en esa perspectiva”.
Naturalmente, esto es negado en absoluto por los opositores. Si las cosas llegaron al extremo que hoy se vive, dice Bedregal, es por la desconfianza que generó la paralización del TREP y los distintos resultados de una día a otro; la detención del mecanismo, “porque sabían que no les alcanzaban las cifras”.
Lo que vino fue la crisis. Como nunca; como resumió este medio, el jueves 24, en tan solo dos días se quemaron seis edificios que albergaban a los tribunales electorales departamentales: los recintos de las autoridades electorales de Santa Cruz, Beni, Potosí, Chuquisaca, Pando y Tarija.
Como destaca Mayorga, por un lado, el candidato Mesa, tras asentar la idea de “fraude”, “trasladó su protesta a un escenario no institucional: la calle, convocando a movilizaciones para exigir la segunda vuelta”; por otro lado, el candidato Morales intenta sentar la idea del “golpe de Estado” por el hecho de rechazar el escrutinio, que finalmente concluyó este viernes con 10,57 puntos de diferencia entre Morales y Mesa, prácticamente ratificando el resultado del TREP del lunes: 10,56 y anulando de este modo el balotaje. El Presidente también convocó a la movilización “pacífica” (también Mesa habla de acciones pacíficas) para defender la victoria en primera vuelta.
Peculiar actuación tuvo esta vez la misión electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA), que al mando del excanciller de Costa Rica, Manuel González, tuvo dos declaraciones capitales. Primero, cuando el TREP cambió de un día para otro, expresó su “profunda preocupación y sorpresa por el cambio drástico y difícil de justificar en la tendencia de los resultados”; y, segundo, cuando en su informe concluye que: “En el caso de que, concluido el cómputo, el margen de diferencia sea superior al 10%, estadísticamente es razonable concluir que será por un porcentaje ínfimo. Debido al contexto y las 5 problemáticas evidenciadas en este proceso electoral, continuaría siendo una mejor opción convocar a una segunda vuelta”.
Tanto legisladores como autoridades de Gobierno le reclamaron sobre todo lo segundo; en la sesión especial del Consejo Permanente (convocada para tratar el ‘caso boliviano’), el ministro de Justicia, Héctor Arce, protestó: la OEA, dijo, “no puede en ningún sentido solicitar que apartándonos de la Constitución dispongamos una segunda vuelta, que no correspondería desde el punto de vista constitucional”.
SALIDAS. Si bien para Pinto, lo único que resta es insistir en el cause institucional de respeto al resultado final de la elección, para Bedregal la única salida política es la segunda vuelta.
Lo que Mayorga llama “actores estratégicos” (Evo Morales y el MAS, por un lado, y Carlos Mesa y CC, por otro) “se han polarizado y adoptado posturas antagónicas.
Ambos utilizan diversos recursos de poder, como el paro cívico en contra del Gobierno o movilizaciones de los sindicatos afines al MAS. Ambos se enfrentan en diversos escenarios ampliando el escenario político y complicando las posibilidades de una solución: un escenario internacional, como la OEA, y el escenario informal, típico de la cultura política boliviana, de la calle”.
Pero en esta disputa, postula el sociólogo cochabambino, acaso haya algo más importante y de fondo, que no estaría bien echar de menos: “También, y es lo más importante porque puede marcar el derrotero de la próxima gestión gubernamental, existe una disputa por el significado de la democracia y sobre quién la representa. Una disputa entre democratización social (justicia e igualdad) enarbolada por el MAS y democracia política (libertad y alternancia) esgrimida por Comunidad Ciudadana, que son concebidos como valores contrapuestos y están encarnados en Evo Morales y Carlos Mesa, respectivamente”.






