Ha bastado una semana para poner a prueba la totalidad de los componentes de la democracia boliviana. La capacidad de organización de los instrumentos electorales, la organización y militancia ciudadana, la respuesta del electorado, la madurez de la ciudadanía, la capacidad de acción de los líderes, la respuesta de los órganos de poder, el comportamiento de los medios de comunicación, la conducta de las fuerzas del orden y la violencia legal, el acompañamiento electoral de los organismos internacionales… Quien quiera realizar un estudio de caso sobre el funcionamiento de un proceso electoral, tiene en Bolivia una pieza de laboratorio.Objetivamente, como ha habido excelencias, otros no han pasado la prueba.
Sin lugar a dudas, la ciudadanía ha sido el punto más alto. En comportamiento, talante y acción. Las dos etapas que les correspondió tener el protagonismo, la asistencia a los recintos y el acto de conteo de votos, fueron ejemplares. La tercera etapa, la del tránsito del voto al centro de información, digital y físico, no. Y peor ha sido el proceso de información y transparencia que quedará en la historia como el más conflictivo, el menos depurado y cuidadoso, a pesar de que todos estábamos advertidos de la complejidad de que estaba acompañado.
La sensación de fraude estuvo siempre… cuando se lo incorporaba en las encuestas, más del 60% señalaba su preocupación afirmando que creía que lo habría. Esta desconfianza alcanzó su tope en la falta de información oportuna y la chambonada administrativa del alquiler para el depósito de ánforas en Potosí. Cuando la atención se centró en el Órgano Electoral, entramos en crisis total.
Dejo de lado los antecedentes que definieron la forma y el fondo de las elecciones del 20 de octubre, precedidas de violaciones constitucionales expresadas en la suma de los dos periodos constitucionales que se imponía, el desconocimiento del referéndum del 21F, y finalmente, las interpretaciones constitucionales de habilitación del candidato y la resolución del OEP que la consumaba. Acompañada de renuncias y de suspensiones laborales.
Pero sin duda, el toque de gracia fue la opinión de la Misión de Observadores Electorales de la OEA, que de manera lapidaria expresó: “La Misión de la OEA manifiesta su profunda preocupación y sorpresa por el cambio drástico y difícil de justificar en la tendencia de los resultados preliminares conocidos tras el cierre de las urnas”.
A esa declaración se suma la palabra del secretario general Luis Almagro, amigo directo del régimen: “La Secretaría General entiende que si el Tribunal Supremo Electoral invita a esta organización que realice el trabajo para verificar la legitimidad de los resultados, entonces no deberían considerarse estos resultados como legítimos hasta que finalice el proceso de auditoría solicitado”. Con el remate final de: “La Unión Europea comparte plenamente la evaluación de la OEA en sentido de que las autoridades bolivianas deberían concluir el proceso de conteo en curso, y que la mejor opción sería realizar una segunda vuelta para restablecer la confianza y asegurar el respeto pleno de la elección democrática del pueblo boliviano”.
La duda sobre los resultados de escrutinio y su solución final, tienen en la realización de la segunda vuelta el 15 de diciembre, la potencial solución a un conflicto de Estado. Y que, quien lo propone, son las organizaciones internacionales que acompañaron el proceso a invitación del Estado boliviano.
El MAS logró dos resultados no deseados: forzó la unidad de la ciudadanía democrática antes de la segunda vuelta, facilitando rotundamente su continuidad. Y siendo el objetivo político del Gobierno que no se produzca la segunda vuelta electoral, la movilización ciudadana lo pone frente a una disyuntiva que marca el camino hacia la violencia.
Ha quedado como una mentira institucional el que “Durante las elecciones generales del 20 de octubre, el Órgano Electoral Plurinacional (OEP) implementará el Sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP) que permitirá conocer los resultados preliminares de la votación, en Bolivia y en el exterior horas después de la conclusión de la jornada electoral”.
La NO VIOLENCIA será el instrumento que ayudará a resolver la crisis de Estado en la que estamos. Es un acto de valor y compromiso con la Vida el no levantar la mano para responder a una provocación. El mejor instrumento para lograr transparencia democrática es hacer que vengan otros que no tengan vergüenza, complejos ni venganza, y traigan capacidades nuevas para que el sol y la luna sigan su tránsito en el firmamento.
En este escenario, la gobernabilidad democrática merecerá otro capítulo.






