DIBUJO LIBRE
El empirismo lógico del Círculo de Viena, corriente filosófica influyente en los años 20 del pasado siglo, estuvo fuertemente determinado por el Tractatus logico-philosophicus, obra del lúcido filósofo Ludwig Wittgenstein. Este profesor nacido en Viena, estudió, afirmó y habló de los hechos del mundo tal y como son, una idea del uso del lenguaje para describir la realidad. Con esas inferencias conclusivas y resueltos sus propios desafíos intelectuales finalizó su atención a la filosofía. Pero sería únicamente una pausa. Transcurrió el tiempo y Wittgenstein regresó a sus investigaciones filosóficas (que será el título de su segunda obra en publicación póstuma en 1953), pero en un sentido profundamente diferente de los años anteriores. Este otro tiempo, que hoy se comprende y denomina como el segundo Wittgenstein, refiere a las construcciones llevadas a cabo con el lenguaje de los humanos; cómo vamos construyendo nuestras formas de hablar donde los seres humanos, con sus formas de usar el lenguaje creamos constructos referidos a la realidad. El “segundo Wittgenstein” se constituyó en un áspero crítico del “primer Wittgenstein”. Fue la expresión del pensamiento dinámico. Evolución, investigación, análisis y contrastación para concluir en la explicación de paradigmas superadores.
Compendiando las crónicas escritas entre 2016 y 2020, Thomas Piketty ha publicado su libro ¡Viva el socialismo! En 1992, Piketty realizaba su primer viaje a Moscú, visitaba entonces la plaza Roja, donde la bandera soviética ya había dejado de flamear y ahora el viento ondeaba los colores de la insignia rusa. Pasó también varios minutos detenido, mirando y observando el mausoleo de Lenin. En ese tiempo el convencimiento de sus ideas liberales lo llevaban a afirmar que la economía de mercado y la propiedad privada eran las soluciones que reducirían las brechas de la desigualdad social. Treinta años después, en la mirada de sobrepasar alternativamente al capitalismo —dice Piketty— “uno no puede contentarse con estar en contra del capitalismo o del neoliberalismo: hay que estar también y sobre todo a favor de otra cosa, lo que exige ser capaz de definir con precisión el sistema económico ideal que uno desearía poner en práctica, la sociedad justa que uno tiene en mente, sea cual sea el nombre que finalmente decida darle”. Piketty sorprende aún más cuando señala: “Empecemos con una afirmación que a algunos les puede parecer sorprendente. Desde una perspectiva de largo plazo, la larga marcha hacia la igualdad y el socialismo participativo está bien encaminada”. Todo ello es la evidencia aguda del movimiento del pensamiento dinámico, de la construcción de las ideas y de la fuerza de la observación e investigación.
El español Javier Cercas, quien en 2016 produjo un llamativo artículo al que tituló La barbarie de la literalidad, opinaba: “los ‘tontos cultos’ no detectan una ironía, una metáfora o una provocación, y así atrofian el pensamiento”. Pues el pensamiento atrofiado, inmóvil y raquítico se anota en el extremo opuesto del pensamiento dinámico. Allí no hay evolución, no existe un ejercicio de continuo esfuerzo interpretativo con la suma de elementos que se incorporan, que clarifican y que contrastados todos ellos, van revelando los hechos de un acontecimiento de manera gradual. La literalidad cerrada como forma y metodología para interpretar y analizar un momento coyuntural, que en sí y en esencia, es fuertemente volátil, encierra un pensamientoabandono intelectual cuando no fingidos intereses que agravian al pensamiento.
Reducir los hechos de noviembre de 2019 a dos declaraciones de literalidad editada, abandonando la exposición global, no reúne el requisito de honestidad que el firmante anónimo reclama y que él no logra acreditar. El Golpe de Estado y la argumentación forzada de la Sucesión Constitucional no se comprimen y anulan en la intención de validar el hecho violento y de sangre con dos palabras literales. La intención de asociar aquellos hechos a un relato de forzadas interpretaciones y visiones de conspiración para escapar del apuro, desafía a sus mismas hojas de periódico, esas que tuvieron que recoger los números dejados por las horas golpistas del orden constitucional: 37 muertos, más de 800 heridos y por encima de 1.000 personas detenidas de forma injusta y expedita. El relato es un intento de modulación discursiva de una realidad ficcional que busca desesperadamente imponerse para obtener impunidad negociada. La realidad, en cambio, enumera las cifras de la angustia producida por la gente del noviembrismo.
La crítica de cierta fuerza mediática asociada al conservadurismo opositor del hecho popular, reincide en la superficialidad del argumento que tiene más de desesperación emocional que de inteligencia objetiva. Esta acción fustigadora, que esperanzada en la literalidad no modifica las metodologías reiteradamente fracasadas en las últimas décadas, solo favorecen al poder sus adversarios. Unos y otros, hablando y escribiendo mucho, pero leyendo y comprendiendo poco, con apariciones y publicaciones de fuerte ferocidad discursiva, pero solo para un público de convencidos que necesita consumir aquello en lo que se reconoce, esto que se llama sesgo de confirmación; sin audiencias, sino con hinchadas abarrotadas de delirio obsesivo. Leen selectivamente para confirmarse, escuchan para validarse. Especulan con estrategias inexistentes, realidades artificiales que imaginan ver o requieren fundar.
Obliga parafrasear la intención de un editorial que busca eximirse de integrar el extendido e ingrato club sin membresía de quienes deforman y modulan las noticias que debemos consumir: “Si en Bolivia la justicia fuera eficiente e imparcial”, entonces las manifiestas intenciones de manipular y modular la voluntad ciudadana con información falsa “podrían ser sujetos de prueba”. Pero no, ocultan su inconsistencia democrática retornando a la diaria clase de moralina, siempre estampada en la opinión del nombre oculto.
(*) Jorge Richter Ramírez es politólogo y vocero presidencia






