DIBUJO LIBRE
Bolivia tuvo un largo periodo de dictaduras militares, alimentadas con la Doctrina de Seguridad Nacional como una estrategia norteamericana de aniquilación de la izquierda en América Latina. La dictadura de Banzer fue la encargada de implementar en Bolivia el Plan Cóndor, un plan de inteligencia, coordinación y acción entre los servicios de seguridad de las dictaduras militares del Cono Sur de América.
El golpe de Estado banzerista no solo se tradujo en la ruptura del orden constitucional, la pérdida del Estado de derecho, la falta de garantías constitucionales y la violación de derechos humanos, sino en el uso de la tortura como método para castigar de la forma más indigna a los militantes de izquierda, principalmente del Ejército de Liberación Nacional (ELN) a quienes quisieron exterminar. De esta manera, por primera vez se creó una cárcel exclusiva para presas políticas: Achocalla.
Han transcurrido 50 años de uno de los episodios más cruentos de la historia boliviana con el régimen militar banzerista apoyado por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y la Falange Socialista Boliviana (FSB); la historia oficial trató de ocultar estos hechos, pero la fuerza de la lucha popular no lo permitió; ese sufrimiento y esas muertes fueron semillas de libertad y justicia.
Debo confesar que la lectura del material documental me ha estremecido hasta las fibras más íntimas al releer el dolor y sufrimiento de tantos hombres y mujeres que en algunos casos ya no están, pero que fue sobre ellos que se construyó la democracia en la que hoy vivimos. Pretendo, con este artículo, rendir mi humilde homenaje de respeto y admiración por su lucha, quisiera reivindicar y saludar a centenares de mujeres que lucharon por un mundo mejor, dadoras de vida, constructoras de la patria e invisibilizadas por la historia oficial.
Con testimonios desgarradores, se registran denuncias como la violación de 80 hombres a una periodista indefensa, el uso de la picana y el submarino, el arrancar las uñas y quebrar a martillazos partes de sus cuerpos, el perforar tímpanos con lápices, el quemar con cigarrillo sus cuerpos, el torturar a sus hijos, esposas, esposos, padres, para que hablen, y otros cientos de horrendas e inenarrables torturas.
Al ser imposible hablar aquí de todas ellas, mencionaré solo unas pocas, pero aún existe una larga estela de mujeres valerosas, luchadoras por un mundo mejor que deben ser reivindicadas.
Cecilia Ávila. Esposa del guerrillero Néstor Paz Zamora; murió el 22 de marzo de 1972, fue asesinada junto a varios de sus compañeros del ELN en una casa de Cochabamba. Cecilia es un ejemplo de entrega total a la causa revolucionaria, junto al de su compañero Néstor Paz forma parte de la historia de nuestras luchas sociales.
Ana María Espaltro ‘Sol’. Militante del ELN, compañera del Viejo Javier, detenida en Cochabamba el 21 de marzo de 1972, fue salvajemente torturada en el DIC y en casas de prisión del gobierno banzerista. Le aplicaron choques eléctricos en distintas partes del cuerpo, le atravesaron palillos en los senos, le obligaron a sentarse en barras de hierro por más de 24 horas obligándola a desnudarse, la ultrajaron, violaron y asesinaron tras torturarla, su muerte fue ocultada.
Graciela Rutilo Artes. Fue detenida en abril del 76 en Oruro, junto con su esposo y su bebé. Fue torturada y su bebé Carlita privada de alimento, desnudada y sujetada de los pies. Como parte del Plan Cóndor, agentes argentinos llegaron a La Paz para interrogarla y torturarla. El 29 de agosto del 76, cumpliendo órdenes del coronel Ernesto Cadima, ella y su bebé fueron entregadas en la frontera de Villazón a la dictadura argentina y desaparecida por el Plan Cóndor.
Mónika Ertl ‘Imilla’. Militante del ELN, fue la encargada de ajusticiar al responsable del asesinato de Ernesto Che Guevara y de Inti Peredo, el coronel Toto Quintanilla, director de inteligencia, fascista, principal represor y asesino de la dictadura, en Hamburgo, Alemania. Trabajó intensamente contra la dictadura banzerista, hasta que durante una redada de las fuerzas represivas, cercada en una casa en El Alto, y después de resistir valientemente el ataque, Imilla fue asesinada el 12 de mayo 1973.
Mercedes Urriolagoitia. Economista, dirigente del MIR. Fue detenida en 1982, a pesar de estar en silla de ruedas estuvo en la celda denominada De Drácula, con ratas y excrementos humanos; fue torturada y sin atención médica, se le bloquearon los riñones y pulmones, tenía tantas escaras e infecciones que le sangraba el cuerpo. Al borde de la muerte y por intervención de la Cruz Roja fue intervenida de urgencia, debiendo recibir un tratamiento intensivo, lo que le permitió sobrevivir.
Delfina Burgoa viuda de Veintemillas. Miembro del Comité de Derechos Humanos, detenida a los 68 años por supuestamente haber alojado al Che, le quemaron los pies y la espalda con cigarrillos, le introdujeron alfileres en las uñas. Fue colocada en un cepo de madera y golpeada la cabeza hasta perder el conocimiento, y cuando lo recobraba, volvía a ser golpeada; quedó sorda por la brutal golpiza. Le fracturaron tres costillas y estuvo sin atención médica en la cárcel de Achocalla. De ella dicen que fue una mujer de gran entereza y moral, ayudando y protegiendo a las más jóvenes, incluso se inculpaba para proteger a sus compañeras.
Ledy Catoira Moreno. Oriunda de Santa Cruz, se unió a la guerrilla urbana del ELN, fue presa en la Octava División durante el régimen de Banzer. Denunciada por las monjas de San José Obrero, donde se había refugiado, fue herida y no recibió medicamentos y le sacaron la bala sin anestesia, fue torturada durante su detención muchas veces y trasladada a diversas cárceles. Ella relata que de los 10 detenidos con los que se encontraba, solo sobrevivieron cinco, fue testigo de brutales torturas y asesinatos de sus compañeros. Posteriormente fue exiliada por presión internacional.
María Victoria Fernández. Nacida en Huanuni, de padres mineros, conoció las masacres en estos centros; muy joven, fue detenida junto a su hermanito por tener un dibujo del Che, los agentes allanaron su vivienda, destrozaron todo y robaron lo de valor. Se enroló al ELN y fue apresada en tres oportunidades, torturada brutalmente por no delatar a sus compañeros. La primera vez, perdió un embarazo, en otra detención, le quitaron a su bebé de tres meses y lo hicieron desaparecer, pero fue rescatado por sus padres. En Achocalla vio cómo masacraban y asesinaban a muchos.
Es imperioso que las nuevas generaciones conozcan la historia de la lucha de los mejores hombres y mujeres, que dieron su vida por sus ideales y su pueblo; es necesario honrar a nuestros mártires. Sea este un recordatorio para esta importante tarea y el llamado para que en Bolivia nunca más vivamos una dictadura.
(*)Sonia Brito es abogada, fue diputada del MAS






