DIBUJO LIBRE
Personajes que pertenecen más a la arqueología política boliviana que a la actualidad coyuntural, han osado manifestar que antes de apoyar cualquier juicio de responsabilidades contra la exmandataria del régimen de facto, Jeanine Áñez, se debe reestructurar todo el sistema judicial. Estos espectros de la política, que sobreviven el paso de los años por el impulso mediático constante de los medios hegemónicos de comunicación alineados con los intereses empresariales, incluso han instrumentalizado a conveniencia el informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes GIEI-Bolivia.
Se deben diferenciar y demarcar con especificidad dos periodos: el primero, de todos los hechos acontecidos antes del 12 de noviembre ( fecha exacta de la autoproclamación de Áñez); y, por otro lado, el periodo de once meses posterior al 12 de noviembre.
El primer periodo, donde se quemaron casas de campaña del Movimiento Al Socialismo (MAS), amedrentó, amenazó y violentó a sus militantes, autoridades y simpatizantes; se quemaron tribunales electorales departamentales, donde campeó la violencia a través de grupos armados irregulares como la Resistencia Juvenil Cochala (RJC) y la Unión Juvenil Cruceñista (UJC), de motines policiales, subversión del orden constitucional vigente, autoproclamación en la Cámara de Senadores y posterior autoproclamación en el Palacio Quemado, con la biblia en mano y banda presidencial puesta por un militar. Son los acontecimientos hasta el 12 de noviembre por los que Áñez se encuentra actualmente en prisión, que sin lugar a dudas tienen muchos otros responsables que actualmente no han respondido ante la Justicia, ya que hábilmente han sacrificado a su caballo de Troya (Áñez).
El segundo periodo corresponde a los once meses posteriores a la autoproclamación (12 de noviembre de 2019), cuando se suscitaron masacres sangrientas, ejecuciones sumarias, desfalcos millonarios y violaciones sistemáticas a los derechos humanos fundamentales, además de protección, vía decretos supremos, de todas las acciones criminales perpetradas por las fuerzas policiales y militares durante el nefasto régimen de facto. Es este segundo periodo por el cual Jeanine Áñez debe responder en juicios de responsabilidades al igual que todo su gabinete ministerial y sus aliados políticos que cogobernaron con ella, validando una supuesta legitimidad y legalidad.
Es precisamente por esta razón que los aliados políticos de Áñez, tanto del primer periodo, como del segundo, aluden que se debe reformular totalmente la Justicia, pero a su gusto y conveniencia; eso es lo que omiten decir claramente. La estrategia de estos espectros de la política consiste únicamente en ganar tiempo mientras desempolvan algunas “banderas de lucha” y repiten su vieja retórica caduca de 2019; que de momento no les está generando las adhesiones que esperaban. Crean nuevos fantasmas, en esta ocasión “persecución política” para seguir fomentando el falso debate de “fraude electoral”. Buscan empantanar a la población en su ya defenestrada falacia de fraude electoral y de esa forma negar el evidente y comprobado golpe de Estado de 2019 y sus crímenes acontecidos durante los once meses de desgobierno.
Por si no pareciera caricaturesco, se habla de la propuesta de reformular todo el sistema judicial en noventa días, sistema que tiene cimientos clasistas, logieros, racistas y coloniales desde la fundación de Bolivia por los doctorcitos de Charcas. Todavía se osa tratar de imponer el origen de los futuros operadores de justicia made in Colegios de Abogados. Para estructurar un sistema judicial funcional a sus intereses de impunidad.
Hasta no lograr controlar el sistema judicial boliviano por operadores afines a los intereses de CC y Creemos, sus bancadas en la Asamblea Legislativa Plurinacional no apoyarán ningún juicio de responsabilidades contra Áñez. Poco o nada les importa la Justicia para las familias de los muertos, heridos y detenidos ilegalmente del régimen de Áñez con el cual cogobernaron; les importa su impunidad para seguir lucrando de la política y encantando ratas, como el flautista de Hamelin, que después desecharán tal como lo hicieron con la denominada “revolución pitita”.
(*)Gabriel Villalba P. es abogado, analista político.






