DIBUJO LIBRE
Estas breves líneas tienen el propósito de responder a la columna “Sobre el nuevo edificio de la Asamblea Legislativa y el monumento a Cristóbal Colón” escrita por Carlos Mesa. Inicialmente, al leer dicha columna se puede compartir buena parte de su crítica al gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS), cuando menciona que éste solo usa como discurso político la inclusión de los pueblos indígenas, lo que se observó después de 2009, cuando rompió con parte de las organizaciones indígenas de tierras bajas una vez aprobada la nueva Constitución, poniendo, además, trabas a la consulta previa, libre e informada, al respeto de la Madre Tierra y a la consolidación de las autonomías indígenas, etc.
Sin embargo, llama la atención en la columna de Mesa las siguientes frases, cuando critica el símbolo de la cultura Tiwanaku colocada en el hemiciclo de la Cámara de Diputados y el daño al monumento a Colón: “Una vez más el aparato de poder del (MAS), responde al país que lo que se está imponiendo es un discurso único solo de ida y de afirmación andina e indígena”; “no nos impongan lo mismo que se reclamaba en el pasado, el dominio de una región sobre otras y de una parte de la sociedad sobre las otras”, “Bolivia es una nación con presencia indígena y afrodescendiente (40% según el censo de 2012), mestiza y blanca (60%)”. “¿Hasta cuándo vamos a seguir soportando la verdad paralela que no es otra cosa que una mentira y un menú histórico a la carta impuesto por Morales y sus obsecuentes seguidores? Esa ficción no solo niega el pasado y lo trocea a su gusto, sino que pretende que no existe la Bolivia mestiza (énfasis añadido)”.
Es entendible la crítica de Mesa a Evo Morales; sin embargo, cuando dice que el mundo indígena se está imponiendo al resto de la sociedad, eso no es cierto. Hoy por hoy, a pesar del reconocimiento formal de los derechos políticos de los pueblos indígenas en el Estado Plurinacional, sus demandas siguen pendientes y subyugadas por la burocracia estatal. Una cosa distinta es que una clase política, en este caso el gobierno del MAS, use los símbolos de los pueblos indígenas, y otra cosa es que los indígenas estén imponiéndose al resto de la sociedad boliviana.
Además, cuando redondea y unifica lo mestizo y lo blanco frente a lo indígena, al mencionar que según el Censo de 2012 60% de la población es mestiza y blanca y que 40% es indígena, busca crear una dicotomía falsa entre lo indígena (representado por el símbolo de la cultura Tiwanaku) frente a lo mestizo y lo blanco, que estaría representado por el monumento a Colón. Sin tomar en cuenta que los bolivianos pueden identificarse como indígenas y declararse mestizos y, sin tomar en cuenta el hecho de que es perfectamente posible que alguien se sienta mestizo, por su evolución cultural, sin dejar de identificarse o pertenecer a algunas de las naciones y pueblos indígenas.
Mesa olvida que el Censo de 2012 arrojó un porcentaje de población indígena de 41,5%, pero él lo redondea a 40%. No toma en cuenta que, en la última proyección del INE, realizada en 2017, la población indígena se amplió a 48%. Tampoco señala el porcentaje del Censo de 2001, cuando 62,2% de los bolivianos se autoidentificaron como parte de un pueblo indígena.
Es preciso aclarar, en este punto, que la identidad étnica no es una categoría estática, es una construcción social permanente y dinámica que está sujeta a los cambios del contexto social y político y que no hay culturas puras y que el mestizaje cultural está presente en mayor o menor grado en la mayoría de los pueblos indígenas. En tal sentido, la identidad indígena o el ser indígena, no es una diferencia biológica ni una diferencia cultural —en el sentido estricto—, sino ante todo una forma de subjetividad.
Probablemente lo que diferencia una identidad de la otra es el núcleo organizador del mestizaje y los proyectos de sociedad que plantean sus interlocutores. En este caso, la ofensa realizada al monumento de Cristóbal Colón no niega la Bolivia mestiza, sino más bien la Bolivia colonial y su proyecto de sociedad en decadencia que, al perecer, defiende Carlos Mesa, la que en el fondo se asume como “blanca” y no necesariamente como mestiza.
(*)Juan Pablo Marca es politólogo y sociólogo, investigador del CEJIS






