SALA DE PRENSA
En el convulsionado contexto de la Segunda Guerra Mundial, el 20 de diciembre de 1943, en Bolivia, asumió la presidencia el mayor Gualberto Villarroel. La Rosca y su prensa, como dos náufragos atrapados por la corriente nacionalista, se aferraron a la tabla de salvación de la “libertad de prensa”. Un ejemplo de ello fue el caso de Los Tiempos de Cochabamba.
Este tema fue abordado en el libro Villarroel: un anhelo truncado, de Gustavo Rodríguez Ostria, publicado de forma póstuma por la Vicepresidencia del Estado Plurinacional, el 9 de diciembre.
La obra analiza, además, otros sucesos históricos: la masacre de Catavi (1942); el gobierno de Villarroel y el magnicidio (1943-1946); la creación de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (1944); el Congreso Indigenal (1945); la mujer y la política, y la rebelión indígena (1946-1947).
Rodríguez Ostria (1952-2020) nació en La Paz. Fue economista, catedrático, historiador, viceministro de Educación Superior (2003-2005) y embajador en Perú (2014-2020). Publicó varias obras: Sin tiempo para las palabras: Teoponte, la otra guerrilla guevarista en Bolivia (2006); Tamara, Laura, Tania: Un misterio en la guerrilla del Che (2011); Capitalismo, modernización y resistencia popular (2014); Los partidos de izquierda ante la cuestión indígena (2017); Yuracarés: de la evangelización a la colonización (2020), entre otras.
AUTOCENSURA. El 16 de septiembre de 1943, Demetrio Canelas fundó el matutino Los Tiempos. Su hermano Julio César asumió la dirección.
Luego del golpe nacionalista de diciembre de 1943, el parlamento se cerró.
Demetrio Canelas dejó su curul y el 15 de febrero de 1944 asumió el mando del periódico. En sus primeros editoriales marcó su línea antivillarroelista y cuestionó el “pongueaje espiritual voluntario” de la prensa: “Los periodistas y editores eran libres, pero, en rigor, solo a condición de autoamordazarse”.
De acuerdo con Rodríguez Ostria, “desde las páginas de Los Tiempos se propugnó el resurgimiento nacional (…), el fin del estado de sitio y la plena vigencia de la libertad de prensa”.
CENSURA. En ese periodo, la tensión fue constante entre Los Tiempos y el régimen nacionalista. Así, el 4 de marzo de 1944, Demetrio Canelas fue aprehendido por la policía por atacar con su pluma al gobierno. En unas horas, lo liberaron. El 10 de abril se ejecutó otra arremetida.
“La censura es una de las heridas sangrantes de la presente situación revolucionaria y el gobierno haría muy bien en suprimirla completamente”, cuestionó Canelas, al día siguiente.
El 13 de mayo, Villarroel planteó suspender la censura y dar libertad a los periodistas detenidos. Pero, eso no amainó el conflicto político y mediático.
Días más tarde, la oposición fundó la Unión Democrática Boliviana (UDB), integrada por los partidos Republicano Socialista, Republicano Genuino, Socialista y el Partido de Izquierda Revolucionaria.
LIBERTAD. Rodríguez Ostria también analizó la situación de Los Tiempos antes de la inmolación de Villarroel.
En noviembre de 1944, en Challacollo y Chuspipata se fusiló a nueve opositores. Tres de ellos pertenecían a la élite cochabambina: Luis Calvo, Félix Capriles y el coronel Eduardo Paccieri. En esa coyuntura, ese periódico fue clausurado por 20 días.
El 18 de enero de 1945, el Ejecutivo aprobó una ley que “obligaba a identificar al autor de un comentario o editorial”. La norma fue impulsada por Franz Tamayo. En Los Tiempos se calificó a esa ley como “absurda” y “lamentable engendro” que atentó contra la “libertad del trabajo”.
El rotativo, además, denunció que Tamayo, cuando era canciller de Daniel Salamanca, “solicitó que sus artículos fueran acogidos en las columnas de La Razón y publicados como si fuesen de la redacción”, según el texto Del periodismo y sus memorias, de la Asociación de Periodistas de La Paz.
SUBVERSIVA. El 1 de agosto de 1945, apresaron a Julio César Canelas, junto a Juan Antonio Barrenechea, subdirector del periódico. Fue liberado el 25 de septiembre. El 1 de enero de 1946 asumió la dirección de El Diario.
De acuerdo con Rodríguez Ostria, bajo su mando, el Decano de la Prensa Nacional se convirtió en una “tribuna cívica que vapuleaba los vicios y crímenes del gobierno de Villarroel”. Esa misma línea era la de Los Tiempos.
El 30 de mayo, Julio César Canelas; Jorge Canedo, director de Última Hora, y una treintena de personas fueron detenidas por participar en un intento de golpe de Estado. Desde Los Tiempos se aseguró que en esa época la prensa era acusada de estar implicada en “trajines subversivos”.
“INDEPENDIENTE”. Augusto Céspedes, en El presidente colgado, cuestionó la “independencia” ostentada por La Razón, dirigida por David Alvéstegui, y El Diario, por Canelas. Hizo referencia a las palabras de Arturo Jauretche, en Profetas del odio: “La trampa del coloniaje está en que ese diario ‘independiente’ no es un diario de ‘partido’ (…) La estafa es la de los diarios sin partido, que solo tienen el partido de los intereses económicos que representan, pero que no confiesan”.
Montenegro —citado por Erick Torrico en su texto Periodismo— detalló que el primer diario de carácter empresarial fue El Comercio (1878), nacido como parte de la “ofensiva” de los mineros de la plata: “Mas, a la muerte de este periódico, fue El Diario (1904) el que ocupó la vanguardia del liberalismo en torno a la cual se constituyó una verdadera red de diarios pro-oligárquicos y negadores de la nacionalidad: La Razón (1917), La Patria (1919), Última Hora (1929) y Los Tiempos (1943)”.
ROSCA. En ese marco, el trágico 21 de julio, Villarroel fue asesinado por la Rosca y su prensa. Céspedes relató que en esos días, Julio César Canelas se vanaglorió en un discurso: “¡Nosotros que arrojamos al tirano de los balcones!”… Ese espíritu le permitió ser designado Ministro de Defensa Nacional, en el mandato liberal de Tomás Monje (1946-1947).
Tras el magnicidio, la nueva Junta de Gobierno “fue efusivamente saludada por los periodistas conservadores, especialmente los agrupados en la Asociación de la Prensa de Cochabamba, algunos de cuyos miembros y medios también sufrirían, tiempo después, los embates que contra la prensa desató el sexenio que duró hasta abril de 1952”, destacó Víctor Hugo Sandoval, en Objetividad y compromiso: La vida privada del periodismo boliviano.
La Rosca y su prensa consideraron a Villarroel como un enemigo acérrimo, por eso lo combatieron hasta colgarlo de un farol.
(*)Grecia Gonzales O. es comunicadora social






