El punto sobre la i
Apenas tres meses duró la luna de miel del rotundo triunfo de Eva Copa y Jallalla (en ese estricto orden) en la Alcaldía de El Alto. Tras haber ganado las elecciones municipales en marzo de 2021 con 67% de la votación, asumió el cargo el 4 de mayo del año pasado. Apenas tres meses después, a fines de agosto, la agrupación que le acompañó en la candidatura, Jallalla, la expulsó del partido, amenazando con que ahora sí los ocho concejales (de 11) que tenía dicha agrupación en el Concejo iban a fiscalizarla de manera independiente. Con otros tres concejales, además del opositor Movimiento Al Socialismo (MAS), la mesa parecía estar servida para un municipio ingobernable. Hoy día, Copa, sin embargo, está fortalecida. Mostró que no fue por Jallalla su triunfo, sino por el bloque, como ella le llama, de exmilitantes del MAS que tuvieron fe en su liderazgo.
— Se posesionó en mayo y en agosto ya le estaban expulsando de Jallalla, quitando el respaldo de los 8 concejales (de 11), más 3 del opositor MAS… ¿no se venía su caída?
— Hemos tenido la crisis política por el tema de Jallalla, que desconocían, que no desconocían; un problema muy interno que realmente nos ha traído mucho dolor de cabeza. Lamentablemente, el señor Chui ha pensado que esto era su hacienda, que podía hacer lo que quería, que podía designar a quien quería, firmas que venían, cosas así.
— Él dijo que usted había incumplido el ‘acuerdo programátrico’…
— Nosotros no cerramos la puerta a nadie; creemos que si bien se ha hecho un trabajo político, una campaña para poder llegar a la silla edil, también tiene que ser con gente competente, gente que haya sido de las bases y que haya trabajado en las bases, no que sea designada al dedo o que sea familiar muy cercano. Es por eso que hemos roto lazos, pero eso no me ha quitado la gobernabilidad dentro del Concejo; tengo ocho concejales, si bien dos son de Jallalla, tengo aún seis, la mayoría, con los cuales hemos podido sobrellevar diferentes leyes que tengan que ver con la gestión administrativa del municipio. Por ejemplo, el bono estudiantil, de 300 bolivianos. Por la baja médica que he tenido en su momento, concejales del MAS han aprovechado este vacío para oponerse, ya a mi retorno, no han cambiado ni una coma, no han cambiado nada, lo han aprobado tal como lo hemos enviado y hasta la fecha ya hemos cumplido con el bono.
— En cuanto a los concejales, cuando le han expulsado, cualquiera podría pensar que Jallalla se iba a unificar y hacerle frente; pero parece que son concejales muy particulares, que la mayoría, en primer lugar, debe responder a sus bases, distritos…
— Bueno, mira. Después de seis años que han cerrado las puertas a las diferentes organizaciones de El Alto, nosotros hemos sido muy amplios y hemos abierto la puerta a todos, juntas vecinales, juntas escolares, gremiales, transportistas y otros. Los concejales que representan a nuestra agrupación, a este bloque que hemos decidido separarnos del MAS por las decisiones que ha tomado, son de transportistas, juntas vecinales, gremiales, y bueno, ellos efectivamente responden a su organización, pero lo bueno es que hemos podido hacer alianza juntamente con ellos y poder tener la gobernabilidad en el Legislativo y también con organizaciones sociales.
— Esa estrecha coordinación con las dirigencias vecinales. Otros alcaldes lo mismo tuvieron que hacer, subordinándose más o menos. ¿Cómo hace Eva Copa?
— Gracias a Dios, la experiencia que he tenido en la Asamblea, y también en la universidad, porque he sido dirigente universitaria, me ha ayudado a poder relacionarme mejor con mis organizaciones. Ya desde el Senado yo podía relacionarme mucho más con las juntas vecinales, juntas escolares y ya los conocía. Así que el manejo en la ciudad de El Alto es muy distinto al de las otras ciudades. Es sumamente complejo, pero si tú bajas a territorio, tú bajas a sus asambleas, tú bajas a consultar con las bases, esto ya se te aligera un poco más y puedes ya trabajar directamente con ellos. Lo importante de nosotros es que también ha habido un cambio generacional, un cambio generacional en la dirigencia misma, en las fejuves, en la COR, de padres de familia. Yo cuando bajé a mi primer ampliado, y me presentaron a los ejecutivos, yo dije ¡guau! ha habido un cambio. Tú decías, pero qué está pasando, eran chicos, jóvenes de 20, 25 años que son ejecutivos, presidentes de zona, que vienen a darte proyectos innovadores; por ejemplo, había un joven del Distrito 6, si no me equivoco, que me decía, mire, alcaldesa, esto estaba proyectado para una cancha; pero queremos que sea un parque, un parque temático, donde tengamos expansión y todo. Buenísimo; y fuimos anotando diferentes proyectos que tenían ellos, con los temas de reciclaje, la economía naranja, la circular. Esto ha hecho que nuestras Secretarías se puedan fortalecer mucho más con el tema de poder trabajar más de cerca con estas organizaciones y poder tener un bloque más compacto y poder bajar a las asambleas ya de forma más directa; ya no hacer una antesala; sino directamente con ellos, con propuestas.
— ¿Problemas?
— Ahora, no todo es una taza de leche. Aún siguen quedando dirigentes que son mañudos. Mira, yo me acuerdo de uno, no digo su nombre por respeto, pero cuando yo estaba en el colegio, él era dirigente de padres de familia y hoy día sigue siendo dirigente de padres de familia…
— Cuántos hijos tendrá pues…
— Entonces, tú dices ¿‘qué está pasando’? Entonces, hay una buena parte de que están dando paso a las nuevas generaciones a ocupar estos pasos dirigenciales, sindicales, para que ellos puedan avanzar; pero aún sigue habiendo gente que no quiere dejar el cargo, porque ya le han agarrado el negocio a esto y no lo quieren soltar.
— Ahora, siempre debe haber el riesgo de que quieran imponerse, los dirigentes, sus organizaciones, que primero su POA; así, suele fragmentarse la inversión
— Sí. Hemos peleado mucho con este tema. En nuestros primeros meses ha sido mucha socialización con los vecinos en el tema de la distribución de los POA zonales. Lamentablemente, la anterior gestión daba ‘Poas adicionales’; no entendía yo de dónde salían los dichosos Poas adicionales. Si tú contabas con 30 millones para un distrito, yo fui a un distrito y me decían ‘la anterior alcaldesa nos ha dado 40 millones, ¿cuál es su cariño?’, me dijeron. Yo decía, ¡cómo, ese dinero no existe, no hay! porque les quitaban a otros distritos y se los daban a ellos; o simplemente les decían que había, pero no había. Entonces, lo que nosotros hemos ido socializando con los vecinos es que si nosotros seguimos fracturando nuestros recursos, no se va a ver la inversión pública y tampoco vamos a desarrollar como ciudad; así que les vamos a dar lo que les corresponde como Poas zonales, pero los POA distritales los vamos a trabajar de acuerdo con la planificación que nosotros veamos como municipio, de acuerdo con las necesidades que tenga la ciudad.
— ¿Obras prioritarias, quizás?
— Una de las necesidades que tiene la ciudad son las vías; nuestras vías están minadas y no tenemos puentes que conecten un distrito al otro. Por eso hemos priorizado, con los 14 distritos, cuatro distribuidores: Extranca Río Seco, Extranca Senkata, Puente Bolivia y Puente Litoral. Hemos visto también, de acuerdo con las necesidades y la planificación que estamos viendo a un futuro, el tema de la salud; nuestros centros no abastecen con la atención, nuestros hospitales, tampoco. Hemos proyectado dos hospitales de segundo nivel, uno en el Distrito 7 y el otro en el Distrito 8, en los cuales vamos a invertir 160 millones, para la construcción y el equipamiento; ahí tenemos que trabajar con el gobierno central y departamental para el tema de los ítems y el funcionamiento de estos hospitales.
— ¿Grandes obras? Hay la tendencia a calificar a los alcaldes por las grandes obras, caso de la terminal, por ejemplo?
— No tiene sentido tener una obra tan grande como esta Alcaldía (el edificio que se conoce como la Jach’a Uta) en la cual te encuentras; a este edificio todavía le debemos diez millones; y está muy mal distribuido, hay espacios que ni siquiera han sabido utilizar de forma eficiente. Si bien la terminal de El Alto es una de las más grandes del país, también es deudora, 12 millones, y es una terminal que no ha sido planificada ni proyectada, no tiene un proyecto de vida, en cuánto tiempo se va a recuperar la inversión; cuando llegué, no tenía gastos de funcionamiento, no tenía muro perimetral ni condiciones para el funcionamiento; estaba totalmente loteada la terminal por los gremiales y los vecinos, los quioscos parecían casitas internas de la terminal, y esto causó mucho conflicto para el inicio de operaciones. Entonces, no se trata de tener obras inmensas, que muestren la imponencia de El Alto; se trata de tener obras eficientes para El Alto, obras que vayan a ayudar a que la ciudad de El Alto se vea apetitosa para el empresario privado y podamos tener mayor inversión y podamos generar empleo.
— ¿Desarrollo humano?
— Nosotros hemos querido enfocar la gestión, si bien el desarrollo pasa por obras, pero también es importante el desarrollo humano, de la persona, el tema de ética, valores, emprendimiento y otros. Hemos reactivado lo que es “Las mujeres emprendedoras renovadas”. De igual manera, estamos trabajando mucho en el empoderamiento de la mujer, porque hemos visto que hay mucho maltrato físico, sicológico y sexual contra las mujeres por el tema de la dependencia económica; si hay una independencia económica, ellas pueden salir adelante.
— ¿Cómo quisiera dejar El Alto de aquí a cuatro años?
— Yo quiero ver mi ciudad como cuando voy a otras ciudades, quiero que haya esos puentes, esas áreas verdes a donde se salga en familia, compartan con los pequeños, se hagan una parrilladita, llevar a los chicos a jugar, una ciudad segura, una ciudad emprendedora. En cinco años irme y decir ‘esto he dejado yo; no solamente gestión en lo que es piedra y cemento, sino también gestión en desarrollo humano’. Yo como mamá me siento más de los chiquititos, por eso me gusta más ir a unidades educativas, hacer más cosas para ellos, porque si nosotros formamos a los chiquititos, ellos educan a los mayores; así que ellos no son un gasto para mí, son una inversión que la vamos a recuperar a futuro.
(*)Iván Bustillos es periodista de La Razón.







