SALA DE PRENSA
Realpolitik es una palabra en alemán que se traduce al castellano como “realismo político”. El realismo político es una corriente de la Teoría Política iniciada por Nicolás Maquiavelo en 1527 a través su afamado opúsculo titulado El Príncipe. En este escrito, el secretario florentino nos habla de la verita effetuale la cual significa: “las cosas tal cual son”, “las cosas sin rodeos”, así pues, “la verdad efectiva de la cosa”.
El término realpolitik se incorpora al vocabulario de políticos y analistas a partir de la década de los treinta del siglo pasado, en aquellas tensas circunstancias que derivaron en la Segunda Guerra Mundial, haciendo referencia a la crudeza con la cual se estaba desenvolviendo la política internacional entre los países europeos.
En esencia, el realismo político se contrapone al idealismo político develando lo que acontece en los entretelones de la política ya que —para esta corriente, la realpolitik— la política es siempre una puesta en escena donde se invocan las grandes virtudes sociales como la libertad, la justicia, la igualdad, la democracia, el bienestar común (y el largo etcétera) como excusa para encubrir las ambiciones y los intereses personalísimos de los actores políticos.
El idealismo político, por el contrario, considera que la política puede funcionar como medio para alcanzar el bien común y para resolver los conflictos sociales, diferenciándose de la simple politiquería. En cambio, el realismo político, será lo suficientemente honesto —y crudo— como para admitir que la politiquería es tan solo una de las varias formas de nombrar las cualidades fundamentales de la política.
Si bien a Maquiavelo se le atribuye la iniciación moderna del realismo político, ciertamente, no es el primer ni el último autor que representa a esta corriente. A Maquiavelo le seguirán, por ejemplo, Thomas Hobbes, Carl Schmitt, Gaetano Mosca y Hans Morgenthau, entre otros.
En cuanto a la tradición occidental se refiere, el realismo político se remonta a más de dos milenios atrás materializándose en la Historia de la Guerra del Peloponeso de Tucídides.
El carácter realista de Tucídides reside en que —a diferencia de otros historiadores griegos— supo diferenciar y apartar la voluntad de las divinidades (los mitos) de las acciones concretas de los hombres. Tucídides encontró que las pasiones y las ambiciones humanas como las aspiraciones por el poder y el dominio sobre los demás fueron los motores de las guerras entre las ciudades-estado griegas.
Tanto en Maquiavelo como en Tucídides existe un desencantamiento de la política, ambos escribieron desde el ostracismo, desde la post res perditas que significa “después de los asuntos miserables”, “tras la pérdida de la cosa”, es decir, luego de haber sido desterrados de la turbulenta centralidad del espacio político. Es así que sus escritos también pueden leerse como testimonios propios de cómo —verdaderamente— funcionan la política, el poder y las personas.
La realpolitik, por tanto, arranca desde un pesimismo sobre la condición humana, consiste en una especie de partida de ajedrez aplicada a la vida real, en una lucha por el poder incluso hasta el exterminio físico.
La realpolitik es un juego de suma cero entendiendo que los recursos en el ámbito social son siempre escasos: “la ganancia suya es a costa mía o la ganancia que yo pueda obtener (un curul en el parlamento, un puesto de trabajo, un cargo público, etc.) será necesariamente en desmedro suyo” puesto que para ocupar un espacio o una casilla del tablero es preciso despojar a otro de la misma.
(*) Javier García B. es abogado y filósofo







