En siete décadas, Santa Cruz pasó de ser un territorio remoto, desconocido para la mayor parte de la población, olvidado y postergado históricamente, a ser el polo económico más moderno y pujante de Bolivia. Según los datos del censo de 1950, la población total del departamento era de 244.658 habitantes. Según las proyecciones del INE, en 2022, la cifra es de 3.425.399 ciudadanos. Así, en 72 años la cantidad de moradores se expandió 14 veces.
Esta serie de cambios implicaron que la realidad del departamento resulte casi inaprensible para la comprensión sistemática de los procesos sociales, económicos, políticos y culturales que ocurrieron y siguen ocurriendo. Santa Cruz se ha transformado en formas tan tumultuosas, profundas y sorprendentes que no resulta difícil de entender que tenga un carácter enigmático para los propios cruceños; ni qué decir para la mirada desde el resto de los departamentos.
La política cruceña y la política boliviana están signadas actualmente por una serie de dificultades para la comprensión de las diversas otredades existentes en el país. Muchos pueden reconocer, o al menos, sentirse parte de determinadas identidades políticas. La dificultad comienza cuando se trata de entender al resto, a los otros grupos fuera de aquel donde cada quien se inscribe.
En los conflictos políticos, en la disputa por el poder, aparecen sintetizadas las tensiones presentes en las sociedades. El último paro indefinido en Santa Cruz y el conflicto por el censo ponen en evidencia precisamente las diferencias que existen en Bolivia y en el país.
El gobernador cruceño, Luis Fernando Camacho, junto con Rómulo Calvo, presidente del Comité Pro Santa Cruz, y Vicente Cuéllar, rector de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, lideraron la protesta porque el censo de poblacional en Bolivia se lleve a cabo en octubre de 2023. Para esto, conformaron una comisión interinstitucional en Santa Cruz, a través de la cual gestionaron la interpelación al Gobierno nacional.
Después de dos cabildos, uno el 30 de septiembre y otro el 13 de noviembre, y casi un mes de cese de actividades en Santa Cruz, no se produjo la adhesión del resto del país al que aspiraban los organizadores de la protesta. El paro en sí fue acatado con mayor rigor en las zonas central y norte de Santa Cruz, diluyéndose hacia los barrios populares de los cuadrantes este, oeste y sur. En los municipios hubo bloqueos en algunos puntos sobre las carreteras, pero con normalidad entre las localidades.
Estos elementos muestran el alcance real del camachismo, sus propios límites internos dentro del departamento; los mismos que son consistentes con los resultados electorales obtenidos por el gobernador cruceño en 2020 y 2021. Del mismo modo, también se ve reflejado en ese alcance del paro la situación del MAS y del Gobierno nacional.
Si bien en 2019 el liderazgo de Luis Fernando Camacho jugó un rol preponderante en la caída del poder del expresidente Evo Morales y tuvo coyunturalmente una determinada receptividad nacional, al presente quedó en evidencia que él no logra conmover ni convencer significativamente fuera del centro capitalino donde está su bastión.
EL ENIGMA.
Entonces, ¿por qué el camachismo está encapsulado mayoritariamente en la capital cruceña? ¿Por qué no logra irradiarse al resto del departamento? ¿Por qué la dirigencia cruceña quedó aislada en el conflicto y no logró conectar con el resto del país?
De igual manera, pero inversamente, caben cuestionamientos similares sobre el desempeño del MAS en el departamento. ¿Por qué no logra comunicarse con las clases medias urbanas de la capital? ¿Por qué no logra salir de los centros con alto porcentaje de población migrante? ¿Qué pasa con el MAS cruceño?
“Ni Camacho conoce la problemática de los barrios más alejados y el MAS tampoco conoce la problemática de las clases medias urbanas. Nunca el MAS se ‘cruceñizó’, siempre se lo ha visto como un partido andino y andinocéntrico, a diferencia del MNR de 1952, que entroncó y se hizo ‘cruceño’. El MAS nunca pudo hacer eso”, sostiene el exrector de la UAGRM y exministro de Defensa, Reymi Ferreira.
El gobernador cruceño y el MAS aparecen, por lo menos a partir de los resultados electorales y territorialmente, como el anverso y reverso de una misma moneda.
Ferreira explica que “el MAS mantuvo su espacio electoral basándose en la población migrante”. De manera consecuente y correspondiente, el camachismo se asienta con mayor fuerza en los lugares donde residen los grupos tradicionales y donde la ideología del regionalismo cruceño es mejor recibida.
Con todo, la migración es un proceso dinámico. Las personas que se asientan en un lugar distinto al de su origen terminan identificándose y asimilando la cultura y los valores del medio. Esta es la dificultad que tiene el MAS. “A la larga la población migrante tiende a disminuir porque muchos migrantes van asumiendo la identidad local, desvinculándose de su adhesión étnica cultural”, explica Ferreira.
Entonces, está claro que el MAS concentra su presencia entre la población migrante, al menos la más reciente. Los hijos de éstos están mucho más cerca de la identidad local que de la original de sus progenitores.
Con todo, ¿entiende Luis Fernando Camacho la totalidad del departamento? ¿Comprende la realidad de los centros poblados mayoritariamente migrantes como Yapacaní, Cuatro Cañadas o Mairana? Ferreira responde: “No, no conoce eso, por lo menos desde una perspectiva inclusiva. La conoce para rechazarla. A diferencia, Rubén Costas (su antecesor en la Gobernación cruceña) sí hizo un esfuerzo por crear vínculos y de hecho lo logró, fue declarado hijo predilecto en San Julián. Camacho no, es diferente y se ha cerrado a todo tipo de relación con ellos”.
Camacho no logró conseguir las adhesiones de otros departamentos en la protesta por el censo. Lejos de intentar seducir y construir una relación respetuosa, el cabildo del 13 de noviembre optó por plantearles un ultimátum. Se les dio 72 horas de plazo para que se unan “formalmente a este reclamo con medidas efectivas”.
“Santa Cruz debería ser el eje de atracción natural de todas las fuerzas políticas conservadoras y no lo ha sido debido su visión localista, porque para Camacho y su entorno lo otro es contradicción, es el enemigo”, aseveró Ferreira.
“Camacho nace del discurso regionalista y por lo tanto no tienen proyección y se lo notó en este paro. No hubo ningún departamento que se haya tomado en serio la movilización”, aseveró.
Pero el MAS cruceño tampoco está en condiciones de ser una alternativa. “Para empezar, el MAS en Santa Cruz está dividido en los límites de la ambición de sus dirigentes. No ven más allá del interés personal”, sentenció Ferreira.
(*)Pablo Deheza es periodista de La Razón en Santa Cruz







