jueves 11, junio 2026
ANÚNCIATE
SUSCRÍBETE
HEMEROTECA
No Result
Ver todos los resultados
La Razón
Logo Escape Logo Marcas Logo Animal Político Logo Energías y Negocios
  • Portada
  • Opinión
  • Secciones
    • Economía y Empresa
    • Nacional
    • Mundo
    • Ciudades
    • Sociedad
    • Espacio Empresarial
    • La Revista
  • Nuestros Productos
    • Marcas
    • Energías y Negocios
    • Escape
    • Animal Político
    • Extra
  • La Razón PLUS
  • Contacto
La Razón
  • Portada
  • Opinión
  • Secciones
    • Economía y Empresa
    • Nacional
    • Mundo
    • Ciudades
    • Sociedad
    • Espacio Empresarial
    • La Revista
  • Nuestros Productos
    • Marcas
    • Energías y Negocios
    • Escape
    • Animal Político
    • Extra
  • La Razón PLUS
  • Contacto
No Result
Ver todos los resultados
La Razón
No Result
Ver todos los resultados

Crisis de representación y derecho a la información

La opacidad institucional y la lógica de mercado electoral profundizan la crisis del modelo democrático en Bolivia.

Crisis de representación y derecho a la información
Compartir en FacebookCompartir en TwitterCompartir en WhatsappCompartir en
Por Mijhail Pavel Pardo Lafuente
La Paz / abril 4, 2026
en Animal Político

En democracias institucionalmente frágiles o de «baja intensidad» como la boliviana, el conflicto político tiende a desplazarse hacia arenas institucionales como los tribunales constitucionales o electorales (cooptados, tradicionalmente, por el Órgano Ejecutivo cual atrincheramiento partisano). Como advierte la literatura comparada en la materia (v. gr., Balkin y Levinson, 2001; Landau, 2013; Ginsburg y Huq, 2018), esta centralidad jurisdiccional puede producir efectos ambivalentes cuando las decisiones judiciales comienzan a incidir directamente en la arquitectura competencial (habilitando, por caso, candidaturas con serios vicios de inconstitucionalidad e ilegalidad), o en los límites al ejercicio del poder, autorizando (como ocurrió con la SCP 0084/2017), o restringiendo (como ocurre con la SCP 0007/2025) la reelección de autoridades representativas al influjo del interés político dominante.

De hecho, durante el periodo eleccionario a nivel subnacional recientemente concluido, el Tribunal Supremo Electoral de Bolivia (TSE) resolvió la habilitación/inhabilitación —como consecuencia de los diversos recursos de impugnación interpuestos ante los tribunales electorales departamentales del país (TEDs)— de una serie de candidaturas a cargos electivos sin que, a la fecha, la ciudadanía pueda acceder al contenido de sus dictámenes, vulnerando de esa forma el principio de «transparencia» en la administración pública reconocido, inter alia, en los artículos 8 y 238 de la Constitución boliviana, así como el derecho de acceso a la información consagrado en los artículos 21, 106 y 242 del mismo cuerpo normativo. Como ha sostenido la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el asunto Claudia Reyes y otros vs. Chile (2006): «[e]l libre acceso a la información es un medio para que, en un sistema democrático representativo y participativo, la ciudadanía ejerza sus derechos políticos», y, más importante aún, para «promover la rendición de cuentas y la transparencia en la gestión estatal, y permitir un debate público sólido e informado que asegure la garantía de recursos efectivos contra los abusos gubernamentales y prevenga la corrupción» (párrs. 86 y 87).

Este razonamiento, aunado al «principio de máxima divulgación» consolidado por este precedente, exigen del Estado suprimir cualquier acción tendiente a la «opacidad informativa», de modo que el ejercicio a la autodeterminación política —entre otras cualidades propias de la agencia normativa— no se vea eclipsado por el «secretismo» gubernamental. La legitimidad institucional de cualquier medida destinada a restringir este derecho depende, entonces, del tipo de justificaciones particularmente robustas que el gobierno ofrezca (por caso, la identificación de un «interés público imperativo»), y no así de su mero arbitrio discrecional.

Adicionalmente, los resultados del cómputo oficial recientemente publicados por parte del Órgano Electoral boliviano —no exento de críticas, por cierto, en términos procedurales (piénsese, por ejemplo, en las inscripciones o depuraciones autorizadas in extremis, o los filtros poco rigurosos y selectivos aplicados según la composición o candidato de que se trate)— develan otro síntoma igualmente acuciante, cuando no evidente: ya no es posible hablar, en puridad, de «partidos de masas» (ora de izquierda, ora de derecha), o de «bloques populares» como si fuesen categorías políticas claramente definidas o aludiesen a un «sujeto unitario» en el actual espectro societal. Ello así ya que en Bolivia, al igual que en el resto de sistemas de gobierno representativo (que no «democracias» en sentido estricto), los intereses de clase —otrora homogéneos e igualmente representados bajo una misma estructura política— se han diversificado, irreversiblemente, en múltiples identidades (Gargarella, 2020). El «sujeto histórico» (llámese «clase obrera», «campesina», «empresarial», etc.) se ha escindido y, con él, los denominados «proyectos de clase».

De ahí que durante el teatro electoral instalado a lo largo de los últimos meses, las diversas formaciones políticas en competencia (en su mayoría alianzas prebendales configuradas en sintonía con la coyuntura imperante) se hayan mostrado —desacomplejadamente— sin horizonte programático alguno, demagógicas, autorreferenciales y con propuestas electorales tan fluctuantes como los apoyos ciudadanos que concitaron. Un escenario bastante próximo a la noción de «democracia como mercado» descrita, mutatis mutandis, por Schumpeter, donde los partidos políticos asumen el rol de «vendedores de ideas» y los votantes —expuestos a la manipulación mediática y guiados por su autointerés— adoptan el rol de «compradores/consumidores» de un «producto político» determinado por la valencia oferta/demanda (Elster, 1986; Ovejero, 2002).

Esta «irremediable crisis» de los partidos políticos como genuinos representantes de la voluntad popular (Gargarella, 2026), exige reconfigurar el sistema representativo (y su obcecada confianza en el «voto» como única regla decisoria) a través de una serie de mecanismos republicanos —cuando no deliberativistas— que, orientados por el principio argumentativo, superen, de una parte, la ficción política según la cual los representantes expresan la voluntad de los electores (Kelsen, 1945) y habiliten, de otra, una interpelación popular, continua e individualizada al poder (mediante la institucionalización, por caso, de «canales de contraste público» abiertos, «presupuestos participativos» o «jurados ciudadanos»), de modo que esta no dependa de una concesión externa o «benevolente» del gobernante de turno, y no tenga que aguardar, como a menudo nos dicen, al próximo ciclo electoral.

La deriva (tecno)populista y autoritaria a la que nos enfrentamos en esta era de regresiones democráticas, así como el patente vaciamiento ideológico que presentan, sin tapujos, las distintas fuerzas políticas, exige de nosotros —el demos constitucional— no solo un mayor compromiso cívico con el control del aparato público en términos de participación social y rendición de cuentas, sino también el impulso de determinados arreglos institucionales que nos permitan acceder —en condiciones de igualdad y pluralismo epistémico— a un eficaz, incondicional y último «sistema de control popular» capaz de imponer al gobierno una orientación que todos estemos dispuestos a aceptar (Pettit, 2013). Ese, y no otro, debe ser el horizonte normativo que (re)defina el ethos comunitario del país, donde el activismo ciudadano (ruidoso, incómodo y crítico con el poder) adquiera un cariz cada vez más protagónico en la esfera pública institucionalizada.

 

en tendencia: DemocraciaInformaciónparticipacionPolíticarepresentacion

Noticias Relacionadas

Elecciones con sobresaltos en medio de una crisis que no espera
Animal Político

Elecciones con sobresaltos en medio de una crisis que no espera

abril 18, 2026
Las guerras silenciosas por el control de las narrativas
Animal Político

Las guerras silenciosas por el control de las narrativas

abril 18, 2026
El sujeto que no existe: cuando el derecho excluye
Animal Político

El sujeto que no existe: cuando el derecho excluye

abril 18, 2026
Aparece un nuevo mapa de la vulnerabilidad en el mundo
Animal Político

Aparece un nuevo mapa de la vulnerabilidad en el mundo

abril 18, 2026
El fin de Orban y el futuro del populismo
Animal Político

El fin de Orban y el futuro del populismo

abril 18, 2026
Sin ideas no hay modelo: la política que Bolivia necesita
Animal Político

Sin ideas no hay modelo: la política que Bolivia necesita

abril 11, 2026

Noticias más vistas

Plugin Install : El widget de publicación popular necesita JNews - View Counter para instalarse

La Razón, medio de comunicación digital líder en noticias de Bolivia y el mundo, conecta a su audiencia a través de todas las plataformas digitales. Con una sólida presencia en redes sociales, programas de streaming innovadores, y el revolucionario e-paper, nuestro periódico digital inteligente, ofrecemos información confiable, ágil y al alcance de todos.

Síguenos en redes sociales:

Facebook
Twitter
Youtube
Instagram
TikTok
LinkedIn
Twitch
Threads
Whatsapp

Dirección: Colinas de Santa Rita s/n,
Alto Auquisamaña (Galpón de La Razón)
La Paz - Bolivia

Correo electrónico:
[email protected]

WhatsApp:
+591 71560184

© 2021-2025 COMUNICACIONES EL PAÍS S.A (Desarrollo web Arcadia SRL)

No Result
Ver todos los resultados
  • Opinión
  • Secciones
    • Economía y Empresa
    • Nacional
    • Mundo
    • Ciudades
    • Sociedad
    • Espacio Empresarial
    • La Revista
  • Suplementos
    • MARCAS
    • Energías y Negocios
    • Escape
    • Animal Político
    • Extra
  • La Razón PLUS
  • Contacto