Una gran cantidad de invitados fueron convocados, luego de participar en la ofrenda floral ante el monumento del prócer uruguayo José Gervasio Artigas en la plaza Artigas, a un vino de honor en los jardines de la residencia.
El programa comenzó con la entonación de himnos patrios, seguido por las palabras de ocasión a cargo del anfitrión, quien estuvo acompañado en la testera por el vicecanciller Juan Carlos Alurralde, el viceministro de Gestión Institucional y Asuntos Consulares, Alfredo Rada, y el director general Ceremonial del Estado, Fernando Huanacuni. Seguidamente, los asistentes compartieron charlas y encuentros en la recepción.
Fue muy sentido el discurso del embajador Flanagan, que inició con un recuento de la larga hermandad que une a nuestros países, que se expresa entre muchos hechos históricos, en la coincidencia del mes y año de la declaratoria de ambas independencias: agosto de 1825. Fue muy crítico respecto a las políticas económicas del primer mundo, a través de las cuales considera que la especulación ha desplazado a la producción, dejando una secuela de de-socupación fabril y laboral en general, hambre, miseria y agresiones bélicas por los recursos naturales del planeta.
Personalmente tengo la seguridad de que Uruguay es un país maravilloso, que atrae a turistas e inversionistas de todo el mundo gracias a la estabilidad, la seguridad y el consolidado marco de incentivos. Su gente, sus paisajes y sus bellas playas han logrado que sea considerado, por muchas revistas y medios de comunicación, como el Mónaco de Sudamérica.






