El embajador Young-wook Chun recibió a sus invitados en su residencia para festejar el Día de la Fundación de Corea, llamada “Apertura del Cielo”. El diplomático, que cumplió tres años de trabajo en el país, dijo sentirse como un boliviano porque pudo conocer hermosos lugares como la tranquilidad del lago Titicaca, el salar de Uyuni o “espejo del cielo” y la naturaleza de Santa Rosa.
Contó que allí se encontró con tortugas, lagartos y monos, además de collas, cambas, orureños, cochabambinos, tarijeños, benianos, pandinos, potosinos, titicaqueños (sic), uyunenses; y en La Paz, con obrajeños, mallaseños, calacoteños.
“Siento mucho afecto, amor y empatía con base en nuestra misma experiencia de haber sufrido pérdidas territoriales y de colonización, y por emprender una política de industrialización y de soberanía alimentaria”. Su discurso fue muy aplaudido y luego vino el brindis y la degustación del kimbap, el chape y bulgogi, comidas de su país.






