Con sombrero de charro, así se despidió el embajador de México en Bolivia, Armando Arriázola Peto-Rueda, quien concluyó su misión en el país y convocó en su residencia a sus colegas y amigos para comunicarles la noticia de su partida. Los mariachis de Sol de México amenizaron el evento en el que los asistentes disfrutaron de bebidas y bocadillos de la gastronomía mexicana. No hubo discursos, pero sí felicitaciones de los invitados que resaltaron la labor cumplida por Arriázola junto a su esposa Ximena Trugeda. Representantes de medios de comunicación y de los residentes mexicanos en Bolivia también participaron del acto. Arriázola comentó que extrañará la calidez de los bolivianos, que siempre lo trataron como un amigo, y que igualmente echará de menos el pique macho, la sajta de pollo y las salteñas, manjares que lo conquistaron en su estadía.
“Espero volver a Bolivia en alguna oportunidad y disfrutar de todo lo que ahora dejaré”, dijo.






